Podcast Antonio Pacios MSC

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miércoles, 7 de marzo de 2012

LA PURIFICACIÓN DEL TEMPLO



El Evangelio del tercer domingo de Cuaresma nos presenta una reacción enérgica de Jesús frente a los que habían convertido en un mercado la casa de su Padre. Este acto significa la purificación del templo de Jerusalén y es un gesto de autoridad que, según la esperanza de los profetas y del pueblo fiel, tenía que realizar el Mesías. A partir de este episodio, el Evangelio de San Juan se eleva a la consideración de otro “templo”, el templo verdadero que es el mismo Jesús.
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El templo de Jerusalén había sido profanado no pocas veces por reyes impíos de Judá o por invasores extranjeros. Cuando se recuperaba la normalidad, se procedía a su purificación. Pero ahora se trataba de una profanación desde el interior de Israel, con un mercadeo que invadía el espacio reservado a significar y vivir la presencia de Dios.
En el marco de la Pascua, la gran fiesta religiosa que incluía la peregrinación a Jerusalén por parte de los judíos piadosos, Jesús realiza un signo impresionante, al estilo de los grandes profetas. Con esta acción cargada de simbolismo, quiere llevar a sus últimas consecuencias la denuncia de que el templo, la casa de su Padre, casa de oración, haya sido convertido en lugar recompra y venta, y que el carácter religioso del templo, donde se ha de adorar a Dios, haya quedado desvirtuado.
Los judíos intervienen pidiendo signos que justifiquen su proceder, y Jesús les responde de manera enigmática aludiendo a su muerte y resurrección: “Destruid este templo y en tres días lo levantaré”. Él hablaba del templo de su cuerpo y se refería a la resurrección al tercer día de su muerte, como lo entendieron sus discípulos después de los acontecimientos pascuales. Su muerte y su resurrección son el signo que legitima su actuación. Todo el pasaje se orienta a esta manifestación de Cristo en su misterio salvador. Cristo, nuevo templo, da paso a una nueva Alianza y a un nuevo culto “en espíritu y en verdad”.
El nuevo templo espiritual se construye sobre Cristo, muerto y resucitado, que es el fundamento de la nueva Alianza. Por medio de él y unidos a él, también los cristianos somos piedras vivas que formamos parte de la construcción de un edificio espiritual para ofrecer a Dios sacrificios espirituales, agradables al Padre y aceptados por él por medio de Jesucristo y en el Espíritu Santo. Cada uno de los creyentes que vive en comunión con él, se convierte en una piedra viva de ese templo que hace presente en medio del mundo la fuerza salvadora de Dios, que ofrece un culto al Padre en espíritu y en verdad y que es un signo del amor salvador de Dios en Cristo y en el Espíritu Santo para la
humanidad entera.
Para lograr ser fieles a esta vocación, estamos llamados a purificarnos siempre nuevamente de nuestros pecados, acogiéndonos a la misericordia de Dios y a su gracia salvadora. Y también estamos llamados a purificar la Iglesia, que aunque es santa por los dones que le ha merecido y le ha confiado Jesucristo, necesita también ser limpiada del pecado que hay en ella porque está formada por hombres inclinados al mal y, a menudo pecadores. Por esta razón, el Papa nos recuerda, en esta Cuaresma, la importancia de acudir al sacramento del perdón de Dios, a la confesión, que nos purifica del pecado y nos reconcilia con Dios, con la Iglesia y con los hermanos y hermanas en la fe.

+ Josep Àngel Saiz Meneses
Obispo de Terrassa

sábado, 3 de marzo de 2012

ESTE ES MI HIJO AMADO, ESCUCHADLE


LOS INTERROGANTES MAS PROFUNDOS DEL HOMBRE

De la Constitución pastoral Gáudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, del Concilio Vaticano segundo
(Núms.9-10)

LOS INTERROGANTES MAS PROFUNDOS DEL HOMBRE

El mundo moderno aparece a la vez poderoso y débil, capaz de lo mejor y de lo peor, pues tiene abierto el camino para optar entre la libertad o la esclavitud, entre el progreso o el retroceso, entre la fraternidad o el odio. El hombre sabe muy bien que está en su mano el dirigir correctamente las fuerzas que él ha desencadenado y que pueden aplastarlo o salvarlo. Por ello se interroga a sí mismo.

En realidad, los desequilibrios que fatigan al mundo moderno están conectados con ese otro desequilibrio fundamental que hunde sus raíces en el corazón humano.

Son muchos los elementos que se combaten en el propio interior del hombre. A fuer de creatura, el hombre experimenta múltiples limitaciones; se siente, sin embargo, ilimitado en sus deseos y llamado a una vida superior.

Atraído por muchas solicitaciones, tiene que elegir y que renunciar. Más aún, como enfermo y pecador, no es raro que haga lo que no quiere y deje de hacer lo que querría llevar a cabo. Por ello siente en sí mismo la división, que tantas y tan graves discordias provoca en la sociedad.

Son muchísimos los que, tarados en su vida por el materialismo práctico, no quieren saber nada de la clara percepción de este dramático estado, o bien, oprimidos por la miseria, no tienen tiempo para ponerse a considerarlo. Muchos piensan hallar su descanso en una interpretación de la realidad, propuesta de múltiples maneras.

Otros esperan del solo esfuerzo humano la verdadera y plena liberación de la humanidad y abrigan el convencimiento de que el futuro reino del hombre sobre la tierra saciará plenamente todos sus deseos.

Y no faltan, por otra parte, quienes, desesperando de poder dar a la vida un sentido exacto, alaban la audacia de quienes piensan que la existencia carece de toda significación propia y se esfuerzan por darle un sentido puramente subjetivo.

Sin embargo, ante la actual evolución del mundo, son cada día más numerosos los que se plantean o los que acometen con nueva penetración las cuestiones más fundamentales: ¿Qué es el hombre? ¿Cuál es el sentido del dolor, del mal, de la muerte, que, a pesar de tantos progresos hechos, subsisten todavía? ¿Qué valor tienen las victorias logradas a tan caro precio? ¿Qué puede dar el hombre a la sociedad? ¿Qué puede esperar de ella? ¿Qué hay después de esta vida temporal?

Cree la Iglesia que Cristo, muerto y resucitado por todos, da al hombre su luz y su fuerza por el Espíritu Santo, a fin de que pueda responder a su máxima vocación, y que no ha sido dado bajo el cielo a la humanidad otro nombre en el que haya de encontrar la salvación.

Igualmente cree que la clave, el centro y el fin de toda la historia humana se hallan en su Señor y Maestro.

Afirma además la Iglesia que bajo la superficie de lo cambiante hay muchas cosas permanentes, que tienen su último fundamento en Cristo, quien existe ayer, hoy y para siempre.


RESPONSORIO 1Co 15, 55-56. 57; Lm 3, 25
R. ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón? El aguijón de la muerte es el pecado. * ¡Demos gracias a Dios, que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo!
V. 
Bueno es el Señor para el que en él espera, para el alma que lo busca.
R. ¡Demos gracias a Dios, que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo!


ORACIÓN.
OREMOS,
Padre eterno, convierte hacia ti nuestros corazones, para que, viviendo consagrados a tu servicio, te busquemos siempre a ti, que eres lo único necesario, y practiquemos la caridad en todas nuestras acciones. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

viernes, 24 de febrero de 2012

De las Homilías del Pseudo-Crisóstomo
(Suplemento, Homilía 6, Sobre la oración: PG 64, 462-466)

LA ORACIÓN ES LUZ DEL ALMA

Nada hay mejor que la oración y coloquio con Dios, ya que por ella nos ponemos en contacto inmediato con él; y, del mismo modo que nuestros ojos corporales son iluminados al recibir la luz, así también nuestro espíritu, al fijar su atención en Dios, es iluminado con su luz inefable. Me refiero, claro está, a aquella oración que no se hace por rutina, sino de corazón; que no queda circunscrita a unos determinados momentos, sino que se prolonga sin cesar día y noche.

Conviene, en efecto, que la atención de nuestra mente no se limite a concentrarse en Dios de modo repentino, en el momento en que nos decidimos a orar, sino que hay que procurar también que cuando está ocupada en otros menesteres, como el cuidado de los pobres o las obras útiles de beneficencia u otros cuidados cualesquiera, no prescinda del deseo y el recuerdo de Dios, de modo que nuestras obras, como condimentadas con la sal del amor de Dios, se conviertan en un manjar suavísimo para el Señor de todas las cosas. Y también nosotros podremos gozar, en todo momento de nuestra vida, de las ventajas que de ahí resultan, si dedicamos mucho tiempo al Señor.

La oración es luz del alma, verdadero conocimiento de Dios, mediadora entre Dios y los hombres. Por ella nuestro espíritu, elevado hasta el cielo, abraza a Dios con abrazos inefables, deseando la leche divina, como un niño que, llorando, llama a su madre; por ella nuestro espíritu espera el cumplimiento de sus propios anhelos y recibe unos bienes que superan todo lo natural y visible.

La oración viene a ser una venerable mensajera nuestra ante Dios, alegra nuestro espíritu, aquieta nuestro ánimo. Me refiero, en efecto, a aquella oración que no consiste en palabras, sino más bien en el deseo de Dios, en una piedad inefable, que no procede de los hombres, sino de la gracia divina, acerca de la cual dice el Apóstol: Nosotros no sabemos pedir como conviene, pero el Espíritu mismo aboga por nosotros con gemidos que no pueden ser expresados en palabras.

Semejante oración, si nos la concede Dios, es de gran valor y no ha de ser despreciada; es un manjar celestial que satisface al alma; el que lo ha gustado, se inflama en el deseo eterno de Dios, como en un fuego ardentísimo que inflama su espíritu.

Para que alcance en ti su perfección, pinta tu casa interior con la moderación y la humildad, hazla resplandeciente con la luz de la justicia, adórnala con buenas obras, como con excelentes láminas de metal, y decórala con la fe y la grandeza de ánimo, a manera de paredes y mosaicos; por encima de todo coloca la oración, como el techo que corona y pone fin al edificio, para disponer así una mansión acabada para el Señor y poderlo recibir como en una casa regia y espléndida, poseyéndolo por la gracia como una imagen colocada en el templo del alma.


RESPONSORIO Lm 5, 20-21a; Mt 8, 25
R. ¿Porqué has de olvidarnos para siempre? ¿Porqué toda la vida abandonarnos? * Haz que volvamos a ti, Señor, y volveremos.
V. 
¡Señor, sálvanos, que perecemos!
R. 
Haz que volvamos a ti, Señor, y volveremos.

miércoles, 22 de febrero de 2012

EL AYUNO QUE AGRADA A DIOS

EL AYUNO QUE AGRADA A DIOS


El ayuno que yo quiero es éste: abrir las prisiones injustas, desatar las coyundas de los yugos, dejar libres a los oprimidos, romper todas las cadenas; partir tu pan con el que tiene hambre, dar hospedaje a los pobres que no tienen techo; cuando veas a alguien desnudo, cúbrelo, y no desprecies a tu semejante.

Entonces brillará tu luz como la aurora, en seguida te brotará la carne sana; tu justicia te abrirá camino y detrás de ti irá la gloria del Señor. Entonces clamarás al Señor y él te responderá, gritarás y él te dirá: «Aquí estoy».

Cuando destierres de ti los yugos, el gesto amenazante y las malas intenciones; cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente, entonces brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía.



Sed misericordiosos y alcanzaréis misericordia; perdonad y seréis perdonados; como vosotros hagáis, así se os hará a vosotros; dad y se os dará; no juzguéis y no seréis juzgados; en la medida en que seáis benignos, experimentaréis la benignidad; con la medida con que midáis se os medirá a vosotros.

Ajustemos nuestra conducta a estos mandatos y así, obedeciendo a sus palabras, comportémonos siempre con toda humildad. Dice, en efecto, la palabra de Dios: En ése pondré mis ojos: en el humilde y el abatido que se estremece ante mis palabras.

De este modo, imitando las obras de tantos otros, grandes e ilustres, corramos de nuevo hacia la meta que se nos ha propuesto desde el principio y que es la paz; no perdamos de vista al que es Padre y Creador de todo el mundo, y tengamos puesta nuestra esperanza en la munificencia y exuberancia del don de la paz que nos ofrece.


RESPONSORIO Is 55, 7; Jl 2, 13; cf. Ez 33, 11
R. Que el malvado abandone su camino y el criminal sus planes; que regrese al Señor y él tendrá piedad; * porque el Señor, nuestro Dios, es compasivo y misericordioso y se arrepiente de las amenazas.
V. 
No se complace el Señor en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y viva.
R. 
Porque el Señor, nuestro Dios, es compasivo y misericordioso y se arrepiente de las amenazas.

viernes, 17 de febrero de 2012

El Papa: La Iglesia está viva y no tiene miedo a evangelizar


El Papa: La Iglesia está viva y no tiene miedo a evangelizar


VATICANO, 16 Feb. 12 / 10:56 am (ACI/EWTN Noticias).- En su discurso esta mañana a un grupo de obispos de Europa y África en el Vaticano, el Papa Benedicto XVI señaló que la Iglesia está viva y no tiene miedo a cumplir su misión de evangelización ante los muchos y graves desafíos del mundo de hoy.
Así lo indicó el Santo Padre al recibir a los participantes en el segundo simposio de los obispos europeos y africanos, inaugurado el 13 de febrero y dedicado al tema "La evangelización hoy: comunión y cooperación pastoral entre África y Europa".
El Santo Padre explicó que la tarea de la evangelización requiere la oración y el compromiso de todos ya que "es parte integrante de la vocación de todos los bautizados, que es vocación a la santidad. Los cristianos que tienen una fe viva y están abiertos a la acción del Espíritu Santo se convierten en testimonios con la palabra y la vida del Evangelio de Cristo".
El Papa resaltó la necesidad de las relaciones de la Iglesia en África, con sus dificultades, y la que está en Europa, con la que afrontan desafíos comunes sosteniéndose en el lazo común de la caridad.
En ese marco, los obispos deben "tener en cuenta el vínculo esencial entre la fe y la caridad, porque ambas se iluminan mutuamente en su verdad. La caridad favorece la apertura y el encuentro con el hombre de hoy, en su realidad concreta, para llevarlo hacia Cristo y a su amor por cada persona y cada familia, especialmente por los que son pobres y están solos".
Benedicto XVI se refirió luego a las dificultades que enfrentan los obispos, como la indiferencia religiosa "que lleva a muchas personas a vivir como si Dios no existiría o a conformarse con una religión vaga, incapaz de enfrentarse a la cuestión de la verdad y el deber de la coherencia; el peso del ambiente secularizado y a menudo hostil a la fe cristiana" y "el hedonismo, que ha contribuido a que la crisis de valores penetre en la vida cotidiana".
"Síntomas de un grave malestar social son también la difusión de la pornografía y la prostitución. Son ustedes bien conscientes de estos desafíos, que mueven vuestras consciencias pastorales y vuestro sentido de responsabilidad", añadió el Papa.
Sin embargo, esos retos, no deben desanimar a los obispos, sino "brindar la ocasión de redoblar el compromiso y la esperanza que nace de la certeza de que Cristo resucitado está siempre con nosotros".
El Pontífice remarcó luego el papel central de la familia en la pastoral ya que es "la garantía más sólida para la renovación de la sociedad".
"En la familia que custodia costumbres, tradiciones y rituales imbuidos de fe, se encuentra el mejor terreno para el florecimiento de las vocaciones", dijo, invitando a los participantes en el simposio a prestar una atención particular "a la promoción de las vocaciones sacerdotales y de consagración especial".
Recordando que la familia "es también el centro de formación de la juventud", el Papa subrayó que tanto Europa como África necesitan "jóvenes generosos que, con responsabilidad, tomen las riendas de su futuro".
También exhortó a las instituciones a recordar que el porvenir está en manos de estos jóvenes y por ello es importante "hacer todo lo posible para garantizar que su camino no esté marcado por la incertidumbre y la oscuridad".
"En la formación de las nuevas generaciones la dimensión cultural asume un rol importante (...) La Iglesia respeta cada descubrimiento de la verdad, porque toda verdad procede de Dios, pero sabe que la mirada de la fe puesta en Jesús abre la mente y el corazón del ser humano a la Verdad primera que es Dios".
"De ese modo, la cultura alimentada por la fe conduce a la verdadera humanización, mientras que las falsas culturas desembocan en la deshumanización: en Europa y en África hemos tenido tristes ejemplos", observó el Papa.
"Vuestro simposio os ha brindado la oportunidad de reflexionar sobre los problemas de la Iglesia en ambos continentes. Efectivamente, no escasean y son a veces relevantes, pero, por otro lado, también son prueba de que la Iglesia está viva, de que crece, y no tiene miedo de llevar a cabo su misión de evangelización".
Finalmente el Papa hizo un llamado especial a los obispos a vivir la santidad personal, que "debe resplandecer en beneficio de quienes son confiados a vuestra cura pastoral y a quien deben servir. Vuestra vida de oración irrigará del interior vuestro apostolado".
"Un obispo debe ser un enamorado de Cristo. La autoridad moral y la credibilidad que sostienen el ejercicio de vuestro poder jurídico, podrán provenir entonces solo de la santidad de vuestras vidas", concluyó.


Himno: QUÉ HERMOSOS SON LOS PIES


¡Qué hermosos son los pies
del que anuncia la paz a sus hermanos!
¡Y qué hermosas las manos
maduras en el surco y en la mies!

Grita lleno de gozo,
pregonero, que traes noticias buenas:
se rompen las cadenas,
y el sol de Cristo brilla esplendoroso.

Grita sin miedo, grita,
y denuncia a mi pueblo sus pecados;
vivimos engañados,
pues la belleza humana se marchita.

Toda yerba es fugaz,
la flor del campo pierde sus colores;
levanta sin temores,
pregonero, tu voz dulce y tenaz.

Si dejas los pedazos
de tu alma enamorada en el sendero,
¡qué dulces, mensajero,
qué hermosos, que divinos son tus pasos! Amé
n.

martes, 7 de febrero de 2012

EL SACRIFICIO DE ABRAHAM

De las Homilías de Orígenes, presbítero, sobre el libro del Génesis
(Homilía 8, 6. 8. 9: PG 12, 206-209)

EL SACRIFICIO DE ABRAHAM

Tomó Abraham la leña del holocausto y la cargó sobre su hijo Isaac, y él llevaba el fuego y el cuchillo. Los dos caminaban juntos. El hecho de que llevara Isaac la leña de su propio holocausto era figura de Cristo, que cargó también con la cruz; además, llevar la leña del holocausto es función propia del sacerdote. Así, pues, Cristo es a la vez víctima y sacerdote. Esto mismo significan las palabras que vienen a continuación: Los dos caminaban juntos. En efecto, Abraham, que era el que había de sacrificar, llevaba el fuego y el cuchillo, pero Isaac no iba detrás de él, sino junto a él, lo que demuestra que él cumplía también una función sacerdotal.

¿Qué es lo que sigue? Isaac -continúa la Escritura- dijo a su padre Abraham: «Padre.» Ésta es la voz que el hijo pronuncia en el momento de la prueba. ¡Cuán fuerte tuvo que ser la conmoción que produjo en el padre esta voz del hijo, a punto de ser inmolado! Y, aunque su fe lo obligaba a ser inflexible, Abraham, con todo, le responde con palabras de igual afecto: «¿Qué deseas, hijo mío?» El muchacho dijo: «Tenemos fuego y leña: pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?» Abraham le contestó: «Dios proveerá el cordero para el sacrificio, hijo mío.»

Resulta conmovedora la cuidadosa y cauta respuesta de Abraham. Algo debía prever en espíritu, ya que dice, no en presente, sino en futuro: Dios proveerá el cordero; al hijo que le pregunta acerca del presente le responde con palabras que miran al futuro. Es que el Señor debía proveerse de cordero en la persona de Cristo.

Abraham tomó el cuchillo para degollar a su hijo; pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo: «¡Abraham, Abraham!» Él contestó: «Aquí me tienes.» Dios le ordenó: «No alargues la mano contra tu hijo, ni le hagas nada. Ya he comprobado que temes a Dios.» Comparemos estas palabras con aquellas otras del Apóstol, cuando dice que Dios no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por todos nosotros. Ved cómo Dios rivaliza con los hombres en magnanimidad y generosidad. Abraham ofreció a Dios un hijo mortal, sin que de hecho llegara a morir; Dios entregó a la muerte por todos al Hijo inmortal. Abraham levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en los matorrales. Creo que ya hemos dicho antes que Isaac era figura de Cristo, mas también parece serlo este carnero. Vale la pena saber en qué se parecen a Cristo uno y otro: Isaac, que no fue degollado, y el carnero, que sí fue degollado. Cristo es la Palabra de Dios, pero la Palabra se hizo carne.

Cristo padeció, pero en la carne; sufrió la muerte, pero quien la sufrió fue su carne, de la que era figura este carnero, de acuerdo con lo que decía Juan: Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. La Palabra permaneció en la incorrupción, por lo que Isaac es figura de Cristo según el espíritu. Por esto Cristo es a la vez víctima y pontífice según el espíritu. Pues el que ofrece el sacrificio al Padre en el altar de la cruz es el mismo que se ofrece en su propio cuerpo como víctima.

RESPONSORIO Jn 19, 16-17; Gn 22, 6

R. Tomaron a Jesús y lo sacaron; * y, cargando su cruz, salió Jesús hacia el lugar llamado Calvario.
V. Tomó Abraham la leña del holocausto y la cargó sobre su hijo Isaac.
R. Y, cargando su cruz, salió Jesús hacia el lugar llamado Calvario.

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