Del Breviloquio de san Buenaventura, obispo
(Prólogo: Opera omnia 5, 201-202)
DEL CONOCIMIENTO DE JESUCRISTO DIMANA LA COMPRENSIÓN DE TODA LA SAGRADA ESCRITURA
El origen de la sagrada Escritura no hay que buscarlo en la
investigación humana, sino en la revelación divina, que procede del
Creador de los astros, de quien procede toda familia en los cielos y en
la tierra, de quien por su Hijo Jesucristo se derrama sobre nosotros el
Espíritu Santo, y por el Espíritu Santo, que reparte y distribuye a cada
uno sus dones como quiere, se nos da la fe, y por la fe habita Cristo
en nuestros corazones. En esto consiste el conocimiento de Jesucristo,
conocimiento que es la fuente de la que dimana la firmeza y la
comprensión de toda la sagrada Escritura. Por esto es imposible penetrar
en el conocimiento de las Escrituras, si no se tiene previamente
infundida en sí la fe en Cristo, la cual es como la luz, la puerta y el
fundamento de toda la Escritura. En efecto, mientras vivimos en el
destierro lejos del Señor, la fe es el fundamento estable, la luz
directora y la puerta de entrada de toda iluminación sobrenatural; ella
ha de ser la medida de la sabiduría que se nos da de lo alto, para que
nadie quiera saber más de lo que es justo, sino que abriguemos
sentimientos de justa moderación, cada uno en la medida de la fe que
Dios le ha dado.
La finalidad o fruto de la sagrada Escritura no
es cosa de poca importancia, pues tiene como objeto la plenitud de la
felicidad eterna. Porque la Escritura contiene palabras de vida eterna,
puesto que se ha escrito no sólo para que creamos, sino también para que
alcancemos la vida eterna, aquella vida en la cual veremos, amaremos y
serán saciados todos nuestros deseos; y, una vez éstos saciados,
entonces conoceremos verdaderamente el amor de Cristo, que excede todo
conocimiento, y así quedaremos colmados hasta poseer toda la plenitud de
Dios. En esta plenitud, de que nos habla el apóstol, la sagrada
Escritura se esfuerza por introducirnos. Ésta es la finalidad, ésta es
la intención que ha de guiarnos al estudiar, enseñar y escuchar la
sagrada Escritura.
Y, para llegar directamente a este resultado, a
través del recto camino de las Escrituras, hay que empezar por el
principio, es decir, debemos acercarnos, sin otro bagaje que la fe, al
Creador de los astros, doblando las rodillas de nuestro corazón, para
que él, por su Hijo, en el Espíritu Santo, nos dé el verdadero
conocimiento de Jesucristo y, con el conocimiento, el amor, para que
así, conociéndolo y amándolo, fundamentados en la fe y arraigados en la
caridad, podamos conocer la anchura y la longitud, la altura y la
profundidad de la sagrada Escritura y, por este conocimiento, llegar al
conocimiento pleno y al amor extático de la santísima Trinidad; a ello
tienden los anhelos de los santos, en ello consiste la plenitud y la
perfección de todo lo bueno y verdadero.
RESPONSORIO Lc 24, 27. 25
R. Jesús, empezando por Moisés y
continuando por todos los profetas, * les fue explicando todos los
pasajes de la Escritura que a él se referían.
V. «¡Oh hombres sin inteligencia y tardos de entendimiento para creer todo lo que dijeron los profetas!»
R. Les fue explicando todos los pasajes de la Escritura que a él se referían.
ORACIÓN.
OREMOS,
Señor, protege a tu pueblo con tu amor siempre fiel y, ya que sólo en ti
hemos puesto nuestra esperanza, defiéndenos siempre con tu poder. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad
del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén
lunes, 8 de febrero de 2016
jueves, 24 de diciembre de 2015
LA VERDAD BROTA DE LA TIERRA Y LA JUSTICIA MIRA DESDE EL CIELO
De los Sermones de san Agustín, obispo
(Sermón 185: PL 38, 997-999)LA VERDAD BROTA DE LA TIERRA Y LA JUSTICIA MIRA DESDE EL CIELO
Despierta, hombre: por ti Dios se hizo hombre. Despierta, tú que duermes, surge de entre los muertos; y Cristo con su luz te alumbrará. Te lo repito: por ti Dios se hizo hombre.
Estarías muerto para siempre, si él no hubiera nacido en el tiempo. Nunca hubieras sido librado de la carne del pecado, si él no hubiera asumido una carne semejante a la del pecado. Estarías condenado a una miseria eterna, si no hubieras recibido tan gran misericordia. Nunca hubieras vuelto a la vida, si él no se hubiera sometido voluntariamente a tu muerte. Hubieras perecido, si él no te hubiera auxiliado. Estarías perdido sin remedio, si él no hubiera venido a salvarte.
Celebremos, pues, con alegría la venida de nuestra salvación y redención. Celebremos este día de fiesta, en el cual el grande y eterno Día, engendrado por el que también es grande y eterno Día, vino al día tan breve de esta nuestra vida temporal.
Él se ha hecho para nosotros justicia, santificación y redención. y así -como dice la Escritura- «el que se gloria que se gloríe en el Señor.»
La verdad brota, realmente, de la tierra, pues Cristo, que dijo: Yo soy la verdad, nació de la Virgen. Y la justicia mira desde el cielo, pues nadie es justificado por si mismo, sino por su fe en aquel que por nosotros ha nacido. La verdad brota de la tierra, porque la Palabra se hizo carne. Y la justicia mira desde el cielo, porque toda dádiva preciosa y todo don perfecto provienen de arriba. La verdad brota de la tierra, es decir, la carne de Cristo es engendrada en María. Y la justicia mira desde el cielo, porque nadie puede apropiarse nada, si no le es dado del cielo.
Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, porque la justicia y la paz se besan. Por medio de nuestro Señor Jesucristo, porque la verdad brota de la tierra. Por él hemos obtenido el acceso a esta gracia en que estamos: y nos gloriamos apoyados en la esperanza de la gloria de Dios. Fíjate que no dice «nuestra gloria», sino la gloria de Dios, porque la justicia no procede de nosotros, sino que mira desde el cielo. Por ello el que se gloria que se gloríe no en sí mismo, sino en el Señor.
Por eso también, cuando el Señor nació de la Virgen, los ángeles entonaron este himno: Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.
¿Cómo vino la paz a la tierra? Sin duda porque la verdad brota de la tierra, es decir, Cristo nace de María. Él es nuestra paz, él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, para que todos seamos hombres de buena voluntad, unidos unos a los otros con el suave vínculo de la unidad. Alegrémonos, pues, por este don, para que nuestra gloria sea el testimonio que nos da nuestra conciencia; y así nos gloriaremos en el Señor, y no en nosotros. Por eso dice el salmista: Tú eres mi gloria, tú mantienes alta mi cabeza.
¿Qué mayor gracia pudo hacernos Dios? Teniendo un Hijo único lo hizo Hijo del hombre, para que el hijo del hombre se hiciera hijo de Dios.
Busca dónde está tu mérito, busca de dónde procede, busca cuál es tu justicia: y verás que no puedes encontrar otra cosa que no sea pura gracia de Dios.RESPONSORIO Is 11, 1. 5. 2
R. Saldrá un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz brotará un vástago. * La justicia será el ceñidor de su cintura, y la lealtad el cinturón de sus caderas.
V. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza.
R. La justicia será el ceñidor de su cintura, y la lealtad el cinturón de sus caderas.
ORACIÓN.OREMOS,
Jesús, Señor nuestro, ven pronto, no tardes más, para que se reanimen con tu venida los que confían en tu amor. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios, por los siglos de los siglos.
Amén
(Sermón 185: PL 38, 997-999)LA VERDAD BROTA DE LA TIERRA Y LA JUSTICIA MIRA DESDE EL CIELO
Despierta, hombre: por ti Dios se hizo hombre. Despierta, tú que duermes, surge de entre los muertos; y Cristo con su luz te alumbrará. Te lo repito: por ti Dios se hizo hombre.
Estarías muerto para siempre, si él no hubiera nacido en el tiempo. Nunca hubieras sido librado de la carne del pecado, si él no hubiera asumido una carne semejante a la del pecado. Estarías condenado a una miseria eterna, si no hubieras recibido tan gran misericordia. Nunca hubieras vuelto a la vida, si él no se hubiera sometido voluntariamente a tu muerte. Hubieras perecido, si él no te hubiera auxiliado. Estarías perdido sin remedio, si él no hubiera venido a salvarte.
Celebremos, pues, con alegría la venida de nuestra salvación y redención. Celebremos este día de fiesta, en el cual el grande y eterno Día, engendrado por el que también es grande y eterno Día, vino al día tan breve de esta nuestra vida temporal.
Él se ha hecho para nosotros justicia, santificación y redención. y así -como dice la Escritura- «el que se gloria que se gloríe en el Señor.»
La verdad brota, realmente, de la tierra, pues Cristo, que dijo: Yo soy la verdad, nació de la Virgen. Y la justicia mira desde el cielo, pues nadie es justificado por si mismo, sino por su fe en aquel que por nosotros ha nacido. La verdad brota de la tierra, porque la Palabra se hizo carne. Y la justicia mira desde el cielo, porque toda dádiva preciosa y todo don perfecto provienen de arriba. La verdad brota de la tierra, es decir, la carne de Cristo es engendrada en María. Y la justicia mira desde el cielo, porque nadie puede apropiarse nada, si no le es dado del cielo.
Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, porque la justicia y la paz se besan. Por medio de nuestro Señor Jesucristo, porque la verdad brota de la tierra. Por él hemos obtenido el acceso a esta gracia en que estamos: y nos gloriamos apoyados en la esperanza de la gloria de Dios. Fíjate que no dice «nuestra gloria», sino la gloria de Dios, porque la justicia no procede de nosotros, sino que mira desde el cielo. Por ello el que se gloria que se gloríe no en sí mismo, sino en el Señor.
Por eso también, cuando el Señor nació de la Virgen, los ángeles entonaron este himno: Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.
¿Cómo vino la paz a la tierra? Sin duda porque la verdad brota de la tierra, es decir, Cristo nace de María. Él es nuestra paz, él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, para que todos seamos hombres de buena voluntad, unidos unos a los otros con el suave vínculo de la unidad. Alegrémonos, pues, por este don, para que nuestra gloria sea el testimonio que nos da nuestra conciencia; y así nos gloriaremos en el Señor, y no en nosotros. Por eso dice el salmista: Tú eres mi gloria, tú mantienes alta mi cabeza.
¿Qué mayor gracia pudo hacernos Dios? Teniendo un Hijo único lo hizo Hijo del hombre, para que el hijo del hombre se hiciera hijo de Dios.
Busca dónde está tu mérito, busca de dónde procede, busca cuál es tu justicia: y verás que no puedes encontrar otra cosa que no sea pura gracia de Dios.RESPONSORIO Is 11, 1. 5. 2
R. Saldrá un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz brotará un vástago. * La justicia será el ceñidor de su cintura, y la lealtad el cinturón de sus caderas.
V. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza.
R. La justicia será el ceñidor de su cintura, y la lealtad el cinturón de sus caderas.
ORACIÓN.OREMOS,
Jesús, Señor nuestro, ven pronto, no tardes más, para que se reanimen con tu venida los que confían en tu amor. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios, por los siglos de los siglos.
Amén
domingo, 13 de diciembre de 2015
JUAN ERA LA VOZ, CRISTO LA PALABRA
De los Sermones de san Agustín, obispo.
(Sermón 293, 3: PL 38, 1328-1329)
JUAN ERA LA VOZ, CRISTO LA PALABRA
Juan era la voz; pero el Señor era la Palabra que existía ya al comienzo de las cosas. Juan era una voz pasajera, Cristo la Palabra eterna desde el principio.
Suprime la palabra, y ¿qué es la voz? Donde falta la idea no hay más que un sonido. La voz sin la palabra entra en el oído, pero no llega al corazón.
Observemos el desarrollo interior de nuestras ideas. Mientras reflexiono sobre lo que voy a decir, la palabra está dentro de mí; pero, si quiero hablar contigo, busco el modo de hacer llegar a tu corazón lo que ya está en el mío.
Al buscar cómo hacerla llegar a ti, cómo introducir en tu corazón esta palabra interior mía, recurro a la voz y con su ayuda te hablo. El sonido de la voz conduce a tu espíritu la inteligencia de una idea mía, y cuando el sonido vocal te ha llevado a la comprensión de la idea, se desvanece y pasa, pero la idea que te trasmitió permanece en ti sin haber dejado de estar en mí.
Y una vez que el sonido ha servido como puente a la palabra desde mi espíritu al tuyo ¿no parece decirte: Es preciso que él crezca y que yo disminuya? Y una vez que ha cumplido su oficio y desaparece ¿no es como si te dijera: Mi alegría ahora rebasa todo límite? Apoderémonos de la palabra, hagámosla entrar en lo más íntimo de nuestro corazón, no dejemos que se esfume.
¿Quieres ver cómo la voz pasa y la divinidad de la Palabra permanece? ¿Dónde está ahora el bautismo de Juan? Él cumplió su oficio y desapareció. Pero el bautismo de Cristo permanece. Todos creemos en Cristo y esperamos de él la salvación; esto es lo que dijo la voz.
Y como es difícil discernir entre la Palabra y la voz, los hombres creyeron que Juan era Cristo. Tomaron a la voz por la Palabra. Pero Juan se reconoció como la voz para no usurparle los derechos a la Palabra. Dijo: No soy el Mesías, ni Elías, ni el Profeta. Le preguntaron: ¿Qué dices de tu persona? Y él respondió: Yo soy la voz del que clama en el desierto: «Preparad el camino del Señor.» La voz del que clama en el desierto, la voz del que rompe el silencio. Preparad el camino del Señor, como si dijera: «Soy la voz cuyo sonido no hace sino introducir la Palabra en el corazón; pero, si no le preparáis el camino, la Palabra no vendrá adonde yo quiero que ella entre.»
¿Qué significa: Preparad el camino, sino: «Rogad insistentemente»? ¿Qué significa: Preparad el camino, sino: «Sed humildes en vuestros pensamientos»? Imitad el ejemplo de humildad del Bautista. Lo toman por Cristo, pero él dice que no es lo que ellos piensan ni se adjudica el honor que erróneamente le atribuyen.
Si hubiera dicho: «Soy Cristo», con cuánta facilidad lo hubieran creído, ya que lo pensaban de él sin haberlo dicho. No lo dijo: reconoció lo que era, hizo ver la diferencia entre Cristo y él, y se humilló.
Vio dónde estaba la salvación, comprendió que él era sólo una antorcha y temió ser apagado por el viento de la soberbia.
RESPONSORIO Jn 3, 30; 1, 27. 30; Mc 1, 8
R. Es preciso que él crezca y que yo disminuya; el que viene después de mí ya existía antes que yo, * y yo no soy digno ni de desatar la correa de sus sandalias.
V. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con el Espíritu Santo.
R. Y yo no soy digno ni de desatar la correa de sus sandalias.
(Sermón 293, 3: PL 38, 1328-1329)
JUAN ERA LA VOZ, CRISTO LA PALABRA
Juan era la voz; pero el Señor era la Palabra que existía ya al comienzo de las cosas. Juan era una voz pasajera, Cristo la Palabra eterna desde el principio.
Suprime la palabra, y ¿qué es la voz? Donde falta la idea no hay más que un sonido. La voz sin la palabra entra en el oído, pero no llega al corazón.
Observemos el desarrollo interior de nuestras ideas. Mientras reflexiono sobre lo que voy a decir, la palabra está dentro de mí; pero, si quiero hablar contigo, busco el modo de hacer llegar a tu corazón lo que ya está en el mío.
Al buscar cómo hacerla llegar a ti, cómo introducir en tu corazón esta palabra interior mía, recurro a la voz y con su ayuda te hablo. El sonido de la voz conduce a tu espíritu la inteligencia de una idea mía, y cuando el sonido vocal te ha llevado a la comprensión de la idea, se desvanece y pasa, pero la idea que te trasmitió permanece en ti sin haber dejado de estar en mí.
Y una vez que el sonido ha servido como puente a la palabra desde mi espíritu al tuyo ¿no parece decirte: Es preciso que él crezca y que yo disminuya? Y una vez que ha cumplido su oficio y desaparece ¿no es como si te dijera: Mi alegría ahora rebasa todo límite? Apoderémonos de la palabra, hagámosla entrar en lo más íntimo de nuestro corazón, no dejemos que se esfume.
¿Quieres ver cómo la voz pasa y la divinidad de la Palabra permanece? ¿Dónde está ahora el bautismo de Juan? Él cumplió su oficio y desapareció. Pero el bautismo de Cristo permanece. Todos creemos en Cristo y esperamos de él la salvación; esto es lo que dijo la voz.
Y como es difícil discernir entre la Palabra y la voz, los hombres creyeron que Juan era Cristo. Tomaron a la voz por la Palabra. Pero Juan se reconoció como la voz para no usurparle los derechos a la Palabra. Dijo: No soy el Mesías, ni Elías, ni el Profeta. Le preguntaron: ¿Qué dices de tu persona? Y él respondió: Yo soy la voz del que clama en el desierto: «Preparad el camino del Señor.» La voz del que clama en el desierto, la voz del que rompe el silencio. Preparad el camino del Señor, como si dijera: «Soy la voz cuyo sonido no hace sino introducir la Palabra en el corazón; pero, si no le preparáis el camino, la Palabra no vendrá adonde yo quiero que ella entre.»
¿Qué significa: Preparad el camino, sino: «Rogad insistentemente»? ¿Qué significa: Preparad el camino, sino: «Sed humildes en vuestros pensamientos»? Imitad el ejemplo de humildad del Bautista. Lo toman por Cristo, pero él dice que no es lo que ellos piensan ni se adjudica el honor que erróneamente le atribuyen.
Si hubiera dicho: «Soy Cristo», con cuánta facilidad lo hubieran creído, ya que lo pensaban de él sin haberlo dicho. No lo dijo: reconoció lo que era, hizo ver la diferencia entre Cristo y él, y se humilló.
Vio dónde estaba la salvación, comprendió que él era sólo una antorcha y temió ser apagado por el viento de la soberbia.
RESPONSORIO Jn 3, 30; 1, 27. 30; Mc 1, 8
R. Es preciso que él crezca y que yo disminuya; el que viene después de mí ya existía antes que yo, * y yo no soy digno ni de desatar la correa de sus sandalias.
V. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con el Espíritu Santo.
R. Y yo no soy digno ni de desatar la correa de sus sandalias.
viernes, 17 de abril de 2015
martes, 4 de noviembre de 2014
Informe demoledor sobre la libertad religiosa en el mundo
EN 55 PAÍSES EMPEORA RESPECTO AL ANTERIOR INFORME
Ayuda a la Iglesia Necesitada publica un informe demoledor sobre la libertad religiosa en el mundo
La libertad religiosa registró un grave declive entre 2012 y 2014, tal y como indica el informe de la organización pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN), según el cual se señala que se experimentaron trabas importantes en 81 de 196 países estudiados. El informe, de carácter bienal, cubre todas las confesiones religiosas, abarca de octubre de 2012 al pasado junio y precisa que en casi todos los casos en los que hubo cambios en materia de libertad religiosa estos fueron a peor.
(Aica/InfoCatólica) Así, 55 países, equivalentes al 28%, experimentaron un deterioro en su situación, y solo 6 vieron una mejora: Cuba, Emiratos Árabes Unidos, Irán, Catar, Zimbabue y Taiwán.
Incluso en ese último caso, los cuatro primeros países se mantienen como zonas en los que se da una persecución «alta» o «media» contra los creyentes, y los otros dos anotan una clasificación, respectivamente, de acoso «preocupante» y «débil».
La organización apunta que en 14 de los 20 países en los que se considera que hay una gran persecución está vinculada al extremismo musulmán.
Afganistán, la República Centroafricana, Egipto, Irán, Irak, Libia, islas Maldivas, Nigeria, Pakistán, Arabia Saudita, Somalia, Sudán, Siria y Yemen se incluyen en ese primer grupo.
En Birmania, China, Eritrea, Corea del Norte, Azerbaiyán y Uzbekistán, la persecución religiosa está ligada a regímenes autoritarios.
Los países musulmanes son mayoritarios en la lista
La AIN concluye que los países musulmanes son mayoritarios en la lista donde se perpetran las mayores violaciones de la libertad religiosa, pero sostiene que esta también está a la baja en naciones occidentales que son mayoritariamente o históricamente cristianas.
Dos factores explican esa última degradación: el desacuerdo respecto al rol que debe jugar la religión en la esfera pública, y la amenaza que pesa sobre la libertad religiosa por el aumento de los extremismos.
La presentación internacional del Informe Libertad Religiosa en el Mundo 2014 de la AIN fue protagonizado por el patriarca sirio de la Iglesia Greco-Católica Melquita, Gregorio III Laham, quien se trasladó a la capital española para este acontecimiento.
Gregorio III Laham es el presidente de la Conferencia Episcopal Católica de Siria y máximo representante de la Iglesia Greco-Católica Melquita. Esta Iglesia oriental está en plena comunión con Roma y cuenta con un millón y medio de fieles repartidos por todo el mundo, aunque su núcleo y lugar de origen es Oriente Medio. La mayoría de los fieles son de lengua árabe, idioma que se usa en su rito particular, bizantino en su variante griega.
El informe, que está traducido a 6 idiomas, se puede consultar en la web de AIN España:www.ayudaalaiglesianecesitada.org.
viernes, 15 de agosto de 2014
DIOS NOS HIZO SENTAR EN LOS CIELOS CON CRISTO JESÚS
De la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1, 16 -- 2, 10
DIOS NOS HIZO SENTAR EN LOS CIELOS CON CRISTO JESÚS
Hermanos: No ceso de dar gracias por vosotros, y siempre os recuerdo en mis oraciones. Quiera el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, concedernos el don de sabiduría y de revelación, para que lleguemos al pleno conocimiento de él e, iluminados así los ojos de nuestra mente, conozcamos cuál es la esperanza a que nos ha llamado y cuáles las riquezas de gloria otorgadas por él como herencia a su pueblo santo.
Y ¡qué soberana grandeza despliega su poder en nosotros, los creyentes, según la eficacia de su fuerza poderosa! Este poder lo ejercitó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y constituyéndolo a su diestra en los cielos, por encima de todo principado, potestad, virtud y dominación, y de todo ser que exista no sólo en el mundo presente, sino también en el futuro. Puso todas las cosas bajo sus pies y lo dio como cabeza a la Iglesia, que es su cuerpo, es decir, la plenitud de aquel que lo llena todo en todo.
Y Dios también os vivificó a vosotros, que estabais muertos por vuestros delitos y pecados, en los cuales vivisteis en otro tiempo, siguiendo el proceder de este mundo, sometidos al príncipe que tiene su imperio en el aire, el espíritu que actúa ahora en los rebeldes a la fe, entre los cuales vivíamos también nosotros, siguiendo las apetencias de nuestra carne, poniendo por obra sus deseos y sentimientos, y éramos por nuestro natural hijos de cólera, como los demás.
Pero Dios, que es rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, aun cuando estábamos muertos por nuestros pecados, nos vivificó con Cristo -por pura gracia habéis sido salvados- y nos resucitó con él, y nos hizo sentar en los cielos con Cristo Jesús. Así Dios, en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús, quiso mostrar en los siglos venideros la sublime riqueza de su gracia.
Estáis salvados por la gracia y mediante la fe. Y no se debe a vosotros, sino que es un don de Dios; y tampoco se debe a las obras, para que nadie pueda presumir. Somos obra de Dios. Dios nos ha creado en Cristo Jesús, para que nos dediquemos a las buenas obras, que él determinó que practicásemos.
RESPONSORIO
R. ¡Qué hermosa y bella es la Virgen María, que emigró de este mundo para ir hacia Cristo! * Resplandece entre los coros de los santos como el sol cuando brilla en el cielo con todo su esplendor.
V. Los ángeles se alegran, los arcángeles se regocijan, al contemplar la gloria inmensa de la Virgen María.
R. Resplandece entre los coros de los santos como el sol cuando brilla en el cielo con todo su esplendor.
DIOS NOS HIZO SENTAR EN LOS CIELOS CON CRISTO JESÚS
Hermanos: No ceso de dar gracias por vosotros, y siempre os recuerdo en mis oraciones. Quiera el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, concedernos el don de sabiduría y de revelación, para que lleguemos al pleno conocimiento de él e, iluminados así los ojos de nuestra mente, conozcamos cuál es la esperanza a que nos ha llamado y cuáles las riquezas de gloria otorgadas por él como herencia a su pueblo santo.
Y ¡qué soberana grandeza despliega su poder en nosotros, los creyentes, según la eficacia de su fuerza poderosa! Este poder lo ejercitó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y constituyéndolo a su diestra en los cielos, por encima de todo principado, potestad, virtud y dominación, y de todo ser que exista no sólo en el mundo presente, sino también en el futuro. Puso todas las cosas bajo sus pies y lo dio como cabeza a la Iglesia, que es su cuerpo, es decir, la plenitud de aquel que lo llena todo en todo.
Y Dios también os vivificó a vosotros, que estabais muertos por vuestros delitos y pecados, en los cuales vivisteis en otro tiempo, siguiendo el proceder de este mundo, sometidos al príncipe que tiene su imperio en el aire, el espíritu que actúa ahora en los rebeldes a la fe, entre los cuales vivíamos también nosotros, siguiendo las apetencias de nuestra carne, poniendo por obra sus deseos y sentimientos, y éramos por nuestro natural hijos de cólera, como los demás.
Pero Dios, que es rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, aun cuando estábamos muertos por nuestros pecados, nos vivificó con Cristo -por pura gracia habéis sido salvados- y nos resucitó con él, y nos hizo sentar en los cielos con Cristo Jesús. Así Dios, en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús, quiso mostrar en los siglos venideros la sublime riqueza de su gracia.
Estáis salvados por la gracia y mediante la fe. Y no se debe a vosotros, sino que es un don de Dios; y tampoco se debe a las obras, para que nadie pueda presumir. Somos obra de Dios. Dios nos ha creado en Cristo Jesús, para que nos dediquemos a las buenas obras, que él determinó que practicásemos.
RESPONSORIO
R. ¡Qué hermosa y bella es la Virgen María, que emigró de este mundo para ir hacia Cristo! * Resplandece entre los coros de los santos como el sol cuando brilla en el cielo con todo su esplendor.
V. Los ángeles se alegran, los arcángeles se regocijan, al contemplar la gloria inmensa de la Virgen María.
R. Resplandece entre los coros de los santos como el sol cuando brilla en el cielo con todo su esplendor.
martes, 17 de junio de 2014
jueves, 15 de mayo de 2014
¿Es pagana nuestra sociedad?
¿Es pagana nuestra sociedad?, por Josep Àngel Saiz Meneses, obispo de Terrassa
(18/05/2014)
Entre los muchos libros aparecidos estos meses sobre el Papa Francisco, la lectura de uno de ellos –titulado Pilares de un pontificado (Ed. San Pablo)- me ha sugerido las reflexiones que expongo a continuación en este comentario dominical. El libro recoge fragmentos de las homilías pronunciadas por el arzobispo de Buenos Aires Jorge Mario Bergoglio en diversas ocasiones. A pesar de recoger sólo los fragmentos más significativos, creo que el libro ofrece una idea bastante aproximada del pensamiento pastoral de nuestro Papa cuando estaba al frente de la populosa archidiócesis bonaerense.
En la homilía de la fiesta de San Cayetano (el 7/08/2010), fiesta que es muy popular en Argentina, porque es el santo al que se le pide sobre todo trabajo –como nosotros lo pedimos a San Pancracio, “salud y trabajo”-, el cardenal Bergoglio constata sin rodeos una realidad: “Vivimos en medio de una cultura cada vez más pagana”.
Pero el cardenal no se queda en esta constatación, sino que ofrece su reflexión sobre dos maneras de ser pagano. Una es la manera de ser pagano que se hace realidad “si uno nació en una cultura que no conoce aún la verdad del Evangelio y la bondad de Jesucristo”. Estos paganos los podríamos llamar acertadamente “precristianos”; algunos de ellos –como el centurión que estaba en el Calvario o Cornelio, al que visitó San Pedro en su casa para bautizarlo, aparecen en el Nuevo Testamento y precisamente como ejemplo de personas que tienen un sentido religioso profundo y sobretodo, abierto a la fe. Son los “buenos paganos”; hay estudios bellísimos sobre ellos y sobre su encuentro personal con Jesús.
Después hay los paganos que podemos llamar “postcristianos”. Ahí ya nos duele más. Y le duele también al cardenal Bergoglio. Miren lo que dice: “Pero para nosotros, hacer como si Jesucristo no hubiera venido a salvarnos, es dar un paso muy atrás. Es como negar a nuestros padres y a nuestros abuelos. Es como querer no tener historia. Es como si eligiéramos ser huérfanos, gente desamparada, que tiene que empezar de cero sin contar con el tesoro de la sabiduría de nuestros mayores.”
Y aún añade, refiriéndose a la imagen pública de la fe cristiana: “Al hacer como si Jesucristo no existiera, al relegarlo a la sacristía y no querer que se meta en la vida pública, negamos tantas cosas buenas que el cristianismo aportó a nuestra cultura, haciéndola más sabia y justa; a nuestras costumbres, haciéndolas más alegres y dignas.”
En este tiempo pascual y en este mes de mayo, me parece oportuno invitar a quienes sigan estas reflexiones a dar gracias por la fe y por los dones recibidos. ¿Por qué hemos de hacerlo? Vean cómo lo dijo el cardenal Bergoglio: porque “nosotros hemos escuchado el anuncio del Evangelio, somos gente bautizada en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, gente que ha vivido cuidada con el amor infinito de la providencia de nuestro Padre Dios y amparada bajo el manto de ternura de la Virgen María”. (¡Qué expresión tan bella y oportuna en el mes de mayo, el mes de María!).
“Nosotros hemos sido marcados por el signo de la cruz –siguió diciendo en su homilía el arzobispo jesuita- y le pertenecemos a Jesús que nos compró con su Sangre. Si en algo fallan nuestros valores es porque no los vivimos a fondo. No es que tengamos que reemplazarlos por otros, sino que tenemos que arrepentirnos de no haberlos guardado y comenzar a vivirlos en toda su plenitud”. Este es el camino, queridos diocesanos y hermanos en la fe: pidamos que el Espíritu Santo nos anime a seguirlo.
+ Josep Àngel Saiz Meneses
Obispo de Terrassa
sábado, 3 de mayo de 2014
LA PREDICACIÓN APOSTÓLICA
Del Tratado de Tertuliano, presbítero, Sobre la prescripción de los herejes
(Cap. 20, 1-9; 21, 3; 22, 8-10: CCL 1, 201-204)
LA PREDICACIÓN APOSTÓLICA
Cristo Jesús, nuestro Señor, durante su vida terrena, iba enseñando por sí mismo quién era él, qué había sido desde siempre, cuál era el designio del Padre que él realizaba en el mundo, cuál ha de ser la conducta del hombre para que sea conforme a este mismo designio; y lo enseñaba unas veces abiertamente ante el pueblo, otras aparte a sus discípulos, principalmente a los doce que había elegido para que estuvieran junto a él, y a los que había destinado como maestros de las naciones.
Y así, después de la defección de uno de ellos, cuando estaba para volver al Padre, después de su resurrección, mandó a los otros once que fueran por el mundo a adoctrinar a los hombres y bautizarlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Los apóstoles -palabra que significa «enviados»-, después de haber elegido a Matías, echándolo a suertes, para sustituir a Judas y completar así el número de doce (apoyados para esto en la autoridad de una profecía contenida en un salmo de David), y después de haber obtenido la fuerza del Espíritu Santo para hablar y realizar milagros, como lo había prometido el Señor, dieron primero en Judea testimonio de la fe en Jesucristo e instituyeron allí Iglesias, después fueron por el mundo para proclamar a las naciones la misma doctrina y la misma fe.
De modo semejante, continuaron fundando Iglesias en cada población, de manera que las demás Iglesias fundadas posteriormente, para ser verdaderas Iglesias, tomaron y siguen tomando de aquellas primeras Iglesias el retoño de su fe y la semilla de su doctrina. Por esto también aquellas Iglesias son consideradas apostólicas, en cuanto que son descendientes de las Iglesias apostólicas.
Es norma general que toda cosa debe ser referida a su origen. Y, por esto, toda la multitud de Iglesias son una con aquella primera Iglesia fundada por los apóstoles, de la que proceden todas las otras. En este sentido son todas primeras y todas apostólicas, en cuanto que todas juntas forman una sola. De esta unidad son prueba la comunión y la paz que reinan entre ellas, así como su mutua fraternidad y hospitalidad. Todo lo cual no tiene otra razón de ser que su unidad en una misma tradición apostólica.
El único medio seguro de saber qué es lo que predicaron los apóstoles, es decir, qué es lo que Cristo les reveló, es el recurso a las Iglesias fundadas por los mismos apóstoles, las que ellos adoctrinaron de viva voz y, más tarde, por carta.
El Señor había dicho en cierta ocasión: Tendría aún muchas cosas que deciros, pero no estáis ahora en disposición de entenderlas; pero añadió a continuación: Cuando venga el Espíritu de verdad, os conducirá a la verdad completa; con estas palabras demostraba que nada habían de ignorar, ya que les prometía que el Espíritu de verdad les daría el conocimiento de la verdad completa. Y esta promesa la cumplió, ya que sabemos por los Hechos de los apóstoles que el Espíritu Santo bajó efectivamente sobre ellos.
RESPONSORIO Jn 12, 21-22; Rm 9, 26
R. Se acercaron a Felipe algunos gentiles y le hicieron este ruego: «Señor, queremos ver a Jesús.» * Felipe fue a decírselo a Andrés; y en seguida Andrés y Felipe se lo dijeron a Jesús. Aleluya.
V. Ahí donde se dijo: «No sois mi pueblo», serán llamados «hijos del Dios vivo».
R. Felipe fue a decírselo a Andrés; y en seguida Andrés y Felipe se lo dijeron a Jesús. Aleluya.
(Cap. 20, 1-9; 21, 3; 22, 8-10: CCL 1, 201-204)
LA PREDICACIÓN APOSTÓLICA
Cristo Jesús, nuestro Señor, durante su vida terrena, iba enseñando por sí mismo quién era él, qué había sido desde siempre, cuál era el designio del Padre que él realizaba en el mundo, cuál ha de ser la conducta del hombre para que sea conforme a este mismo designio; y lo enseñaba unas veces abiertamente ante el pueblo, otras aparte a sus discípulos, principalmente a los doce que había elegido para que estuvieran junto a él, y a los que había destinado como maestros de las naciones.
Y así, después de la defección de uno de ellos, cuando estaba para volver al Padre, después de su resurrección, mandó a los otros once que fueran por el mundo a adoctrinar a los hombres y bautizarlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Los apóstoles -palabra que significa «enviados»-, después de haber elegido a Matías, echándolo a suertes, para sustituir a Judas y completar así el número de doce (apoyados para esto en la autoridad de una profecía contenida en un salmo de David), y después de haber obtenido la fuerza del Espíritu Santo para hablar y realizar milagros, como lo había prometido el Señor, dieron primero en Judea testimonio de la fe en Jesucristo e instituyeron allí Iglesias, después fueron por el mundo para proclamar a las naciones la misma doctrina y la misma fe.
De modo semejante, continuaron fundando Iglesias en cada población, de manera que las demás Iglesias fundadas posteriormente, para ser verdaderas Iglesias, tomaron y siguen tomando de aquellas primeras Iglesias el retoño de su fe y la semilla de su doctrina. Por esto también aquellas Iglesias son consideradas apostólicas, en cuanto que son descendientes de las Iglesias apostólicas.
Es norma general que toda cosa debe ser referida a su origen. Y, por esto, toda la multitud de Iglesias son una con aquella primera Iglesia fundada por los apóstoles, de la que proceden todas las otras. En este sentido son todas primeras y todas apostólicas, en cuanto que todas juntas forman una sola. De esta unidad son prueba la comunión y la paz que reinan entre ellas, así como su mutua fraternidad y hospitalidad. Todo lo cual no tiene otra razón de ser que su unidad en una misma tradición apostólica.
El único medio seguro de saber qué es lo que predicaron los apóstoles, es decir, qué es lo que Cristo les reveló, es el recurso a las Iglesias fundadas por los mismos apóstoles, las que ellos adoctrinaron de viva voz y, más tarde, por carta.
El Señor había dicho en cierta ocasión: Tendría aún muchas cosas que deciros, pero no estáis ahora en disposición de entenderlas; pero añadió a continuación: Cuando venga el Espíritu de verdad, os conducirá a la verdad completa; con estas palabras demostraba que nada habían de ignorar, ya que les prometía que el Espíritu de verdad les daría el conocimiento de la verdad completa. Y esta promesa la cumplió, ya que sabemos por los Hechos de los apóstoles que el Espíritu Santo bajó efectivamente sobre ellos.
RESPONSORIO Jn 12, 21-22; Rm 9, 26
R. Se acercaron a Felipe algunos gentiles y le hicieron este ruego: «Señor, queremos ver a Jesús.» * Felipe fue a decírselo a Andrés; y en seguida Andrés y Felipe se lo dijeron a Jesús. Aleluya.
V. Ahí donde se dijo: «No sois mi pueblo», serán llamados «hijos del Dios vivo».
R. Felipe fue a decírselo a Andrés; y en seguida Andrés y Felipe se lo dijeron a Jesús. Aleluya.
jueves, 10 de abril de 2014
JESUCRISTO ORA POR NOSOTROS, ORA EN NOSOTROS
De los Comentarios de san Agustín, obispo, sobre los salmos
(Salmo 85, 1: CCL 39, 1176-1177)
JESUCRISTO ORA POR NOSOTROS, ORA EN NOSOTROS, Y AL MISMO TIEMPO ES A ÉL A QUIEN DIRIGIMOS NUESTRA ORACIÓN
El mayor don que Dios podía conceder a los hombres es hacer que su Palabra, por quien creó todas las cosas, fuera la cabeza de ellos, y unirlos a ella como miembros suyos, de manera que el Hijo de Dios fuera también hijo de los hombres, un solo Dios con el Padre, un solo hombre con los hombres; y así, cuando hablamos con Dios en la oración, el Hijo está unido a nosotros, y, cuando ruega el cuerpo del Hijo, lo hace unido a su cabeza; de este modo, el único Salvador de su cuerpo, nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ora por nosotros, ora en nosotros, y al mismo tiempo es a él a quien dirigimos nuestra oración.
Ora por nosotros, como sacerdote nuestro; ora en nosotros, como cabeza nuestra; recibe nuestra oración, como nuestro Dios.
Reconozcamos, pues, nuestra propia voz en él y su propia voz en nosotros. Y, cuando hallemos alguna afirmación referente al Señor Jesucristo, sobre todo en las profecías, que nos parezca contener algo humillante e indigno de Dios, no tengamos reparo alguno en atribuírsela, pues él no tuvo reparo en hacerse uno de nosotros.
A él sirve toda creatura, porque por él fue hecha toda creatura, y, por esto, contemplamos su sublimidad y divinidad cuando escuchamos: Ya al comienzo de las cosas existía la Palabra, y la Palabra estaba con Dios y la Palabra era Dios; ya al principio estaba ella con Dios; por ella empezaron a existir todas las cosas, y ninguna de las que existen empezó a ser sino por ella. Pero los que contemplamos esta divinidad del Hijo de Dios, que supera y trasciende de modo absoluto a toda creatura, por sublime que sea, lo oímos también, en otros lugares de la Escritura, gimiendo y suplicando, como si se reconociera reo de algo.
Y dudamos en atribuirle estas expresiones por el hecho de que nuestra mente, que acaba de contemplarlo en su divinidad, se resiste a descender hasta su abajamiento, y le parece que le hace injuria al admitir unas expresiones humanas en aquel a quien acaba de dirigir su oración como Dios; y, así, duda muchas veces y se esfuerza en cambiar el sentido de las palabras; y lo único que encuentra en la Escritura es el recurso a él, para no errar acerca de él.
Por tanto, que nuestra fe esté despierta y vigilante; y démonos cuenta de que aquel mismo que contemplábamos poco antes en su condición de Dios tomó la condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte; y, clavado en la cruz, quiso hacer suyas las palabras del salmo: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Por tanto, oramos a él por su condición de Dios, ora él por su condición de siervo; por su condición divina es creador, por su condición de siervo es creado, habiendo asumido él, inmutable, a la creatura mudable, y haciéndonos a nosotros con él un solo hombre, cabeza y cuerpo. Así, pues, oramos a él, por él y en él; hablamos con él y él habla en nosotros.
RESPONSORIO Jn 16, 24. 23
R. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre. * Pedid y recibiréis, y vuestra alegría será completa.
V. Yo os lo aseguro: cuanto pidáis al Padre en mi nombre os lo concederá.
R. Pedid y recibiréis, y vuestra alegría será completa.
ORACIÓN.
OREMOS,
Dios misericordioso, ilumina los corazones de tus hijos que tratan de purificarse por la penitencia de la Cuaresma y, ya que nos infundes el deseo de servirte con amor, dígnate escuchar paternalmente nuestras súplicas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén
(Salmo 85, 1: CCL 39, 1176-1177)
JESUCRISTO ORA POR NOSOTROS, ORA EN NOSOTROS, Y AL MISMO TIEMPO ES A ÉL A QUIEN DIRIGIMOS NUESTRA ORACIÓN
El mayor don que Dios podía conceder a los hombres es hacer que su Palabra, por quien creó todas las cosas, fuera la cabeza de ellos, y unirlos a ella como miembros suyos, de manera que el Hijo de Dios fuera también hijo de los hombres, un solo Dios con el Padre, un solo hombre con los hombres; y así, cuando hablamos con Dios en la oración, el Hijo está unido a nosotros, y, cuando ruega el cuerpo del Hijo, lo hace unido a su cabeza; de este modo, el único Salvador de su cuerpo, nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ora por nosotros, ora en nosotros, y al mismo tiempo es a él a quien dirigimos nuestra oración.
Ora por nosotros, como sacerdote nuestro; ora en nosotros, como cabeza nuestra; recibe nuestra oración, como nuestro Dios.
Reconozcamos, pues, nuestra propia voz en él y su propia voz en nosotros. Y, cuando hallemos alguna afirmación referente al Señor Jesucristo, sobre todo en las profecías, que nos parezca contener algo humillante e indigno de Dios, no tengamos reparo alguno en atribuírsela, pues él no tuvo reparo en hacerse uno de nosotros.
A él sirve toda creatura, porque por él fue hecha toda creatura, y, por esto, contemplamos su sublimidad y divinidad cuando escuchamos: Ya al comienzo de las cosas existía la Palabra, y la Palabra estaba con Dios y la Palabra era Dios; ya al principio estaba ella con Dios; por ella empezaron a existir todas las cosas, y ninguna de las que existen empezó a ser sino por ella. Pero los que contemplamos esta divinidad del Hijo de Dios, que supera y trasciende de modo absoluto a toda creatura, por sublime que sea, lo oímos también, en otros lugares de la Escritura, gimiendo y suplicando, como si se reconociera reo de algo.
Y dudamos en atribuirle estas expresiones por el hecho de que nuestra mente, que acaba de contemplarlo en su divinidad, se resiste a descender hasta su abajamiento, y le parece que le hace injuria al admitir unas expresiones humanas en aquel a quien acaba de dirigir su oración como Dios; y, así, duda muchas veces y se esfuerza en cambiar el sentido de las palabras; y lo único que encuentra en la Escritura es el recurso a él, para no errar acerca de él.
Por tanto, que nuestra fe esté despierta y vigilante; y démonos cuenta de que aquel mismo que contemplábamos poco antes en su condición de Dios tomó la condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte; y, clavado en la cruz, quiso hacer suyas las palabras del salmo: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Por tanto, oramos a él por su condición de Dios, ora él por su condición de siervo; por su condición divina es creador, por su condición de siervo es creado, habiendo asumido él, inmutable, a la creatura mudable, y haciéndonos a nosotros con él un solo hombre, cabeza y cuerpo. Así, pues, oramos a él, por él y en él; hablamos con él y él habla en nosotros.
RESPONSORIO Jn 16, 24. 23
R. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre. * Pedid y recibiréis, y vuestra alegría será completa.
V. Yo os lo aseguro: cuanto pidáis al Padre en mi nombre os lo concederá.
R. Pedid y recibiréis, y vuestra alegría será completa.
ORACIÓN.
OREMOS,
Dios misericordioso, ilumina los corazones de tus hijos que tratan de purificarse por la penitencia de la Cuaresma y, ya que nos infundes el deseo de servirte con amor, dígnate escuchar paternalmente nuestras súplicas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén
miércoles, 2 de abril de 2014
NINGÚN CIENTÍFICO HA CREADO VIDA. DESMIENTEN FALSA NOTICIA
Aclaración a la noticia “científicos han creado vida”
El
viernes 28 de la semana pasada los medios nos inundaron con la espectacular
noticia de que un grupo de científicos había logrado “crear vida” en un
laboratorio. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce. Los católicos debemos
desconfiar de los medios seculares por principio, porque tienen un claro
prejuicio anti-cristiano. Y en materia científica sabemos que parten de la
postura filosófica del naturalismo; es decir, descartan categóricamente la
intervención divina en el mundo físico.
Esta
noticia no es solamente un ejemplo más de sensacionalismo periodístico, sino una
muestra de la soberbia humana. El hombre jamás creará vida en el sentido
auténtico, porque sólo Dios es “Señor y dador de vida”, como rezamos en el
Credo. Lo que realmente han hecho estos científicos es poca cosa, comparado con
“crear vida”. Para que el lector tenga una idea, es como si anuncio a bombo y
platillo que un mono ha logrado construir una casa, cuando lo único que ha hecho
es formar un ladrillo, con la ayuda de su cuidador. Sí, las casas se construyen
con ladrillos, ¡pero hay un trecho entre tener un ladrillo y tener una
casa!
Una
lectora de Tradición Digital, profesora de Biología Molecular, nos ha mandado
esto:
Científicos
crean vida artificial con un cromosoma de la levadura del
pan
¿Y
quién creo al cromosoma de la levadura? Con lo cual no lo sacaron de la nada,
sino que la copiaron de lo que Dios ha creado ya en la naturaleza. El titular
sensacionalista de la noticia es falso. Y sigue el juego de palabras del
investigador: “Hemos creado una versión modificada de una secuencia de cromosoma
natural. Se trata de una versión sintética de la versión nativa”. Es decir, no
han creado nada, sino copiado y además modificándolo del original, pero hasta
cierto punto que no se distancie del patrón mínimo aceptable para funcionar en
la célula nativa. Todo lo que se ha podido fabricar hasta ahora es un cromosoma
artificial solamente a) porque tenían un conocimiento externo previo, acumulado
tras décadas de investigaciones (errores y aciertos) y b) copiando de otro
preexistente creado por Dios. Una cosa es construir un cromosoma con elementos
preexistentes y otra es crear vida de la nada, como lo hizo Dios, infundiendo en
ellas leyes químicas para que se renueven siempre siguiendo el patrón (ADN) de
sus antecesores, y el que se distancie de este patrón es eliminado (no
sobrevive).
Las
portadas de los periódicos no usan de prudencia ni de rigor científico a la hora
de elaborar titulares de ciencia. No se ha creado en absoluto vida artificial.
De ninguna manera se ha creado vida a partir de constituyentes químicos -no solo
basta con sintetizar un cromosoma, sino todos los demás del genoma, los
elementos de la propia célula (levadura), sus organelos y proteínas necesarias
para que el ADN y la misma célula, juntarlos todos para que funcionen
correctamente, como ya ocurre naturalmente en todos los organismos de la
Creación.
Con
la soberbia del hombre actual de querer ser como Dios va en aumento, y el padre
de la soberbia y de la mentira es el Diablo, a quien ha sido dado gran poder en
este tiempo actual de Apostasía y tinieblas, puede que se logre construir
células por métodos artificiales algún día, pero siempre a partir de los
conocimientos que se descubren acerca de lo que ya puso Dios en la naturaleza. Y
esto aún no ha sido logrado. Dada la ignorancia científica generalizada, aun en
los medios académicos, noticias de ciencia como estas engañan a la gente,
haciéndola pensar que ya el hombre criatura se ha hecho como Dios
Creador.
“La Iglesia sólo recibe lo que los contribuyentes deciden que reciba”
Fernando Gimenez Barriocanal “La Iglesia sólo recibe lo que los contribuyentes deciden que reciba”
SIC 1 abril, 2014 Fernando Gimenez Barriocanal “La Iglesia sólo recibe lo que los contribuyentes deciden que reciba”2014-04-01T13:08:13+00:00 Entrevistas, Envío
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¿Sostiene el Estado a la Iglesia? ¿Tiene la Iglesia Católica en España privilegios fiscales? ¿Dónde va mi aportación dominical? Son preguntas que, con frecuencia, aparecen en conversaciones o noticias en los medios de comunicación. Fernando Giménez Barriocanal, Vicesecretario para Asuntos Económicos de la Conferencia Episcopal Española ha respondido a muchas de ellas en esta entrevista concedida a Agencia SIC.
P.- Cada año el tema de la asignación tributaria a la Iglesia emerge en los medios de comunicación, al mismo tiempo, “Por tantos” es una de las campañas más fuertes que la Iglesia española lleva a cabo, ¿tan importante es el tema económico?
Los temas intraeclesiales tiene un encaje más difícil en los medios de carácter generalista mientras que todo el mundo habla de dinero
R. - Creo que la Iglesia hace muchísimas campañas… otra cosa es la repercusión que tienen en los medios de comunicación. Normalmente los temas intraeclesiales tiene un encaje más difícil en los medios de carácter generalista mientras que todo el mundo habla de dinero, todo el mundo entiende el dinero. Ése es un primer aspecto. Un segundo aspecto es que, en el caso de la campaña de la Renta, está dirigida a todos los contribuyentes y eso es lo que hace que tenga mayor repercusión. No creo que la Iglesia este obsesionada con el tema del dinero. En absoluto.
P.- Temas como la exención de pago del IBI o “las riquezas de la Iglesia” son recurrentes en conversaciones y tertulias ‘informativas’ ¿falta información real sobre estos asuntos? ¿Qué impuestos paga la Iglesia? ¿La Iglesia es rica?
R.- Si hablamos de impuestos, existen unos acuerdos del 1979, que establecen un régimen particular para la Iglesia que luego ha sido asumido por otras confesiones, no sólo por la Iglesia Católica. Actualmente el régimen fiscal de la Iglesia es la Ley del Mecenazgo que afecta a todas las fundaciones de este país, ONG`s internacionales, asociaciones de entidad pública, etc.
Por tanto, decir que la Iglesia tiene un régimen fiscal privilegiado es falso. La Iglesia tiene el mismo régimen que entidades equiparadas a ella: cualquier fundación de cualquier partido político, fundaciones de interés social… tienen el mismo régimen fiscal que la Iglesia: pagan el mismo IBI, el mismo impuesto sobre sociedades, tiene las mismas desgravaciones fiscales en los donativos, etc.
Todo el patrimonio de la Iglesia tiene sentido si sirve para anunciar a Jesucristo, para vivir la Fe y para darse a los demás.
La Iglesia tiene patrimonio, sí. Una institución que lleva 20 siglos emplazada en España es lógico que tenga patrimonio. Si, a lo largo de la vida, una familia empieza de cero y acaba teniendo, por ejemplo, una casa, es lógico pensar que la Iglesia tenga patrimonio. Otra cosa es que sea rica o que viva por encima de sus posibilidades… no es así porque el patrimonio de la Iglesia está afecto a sus fines fundamentales: anunciar el Evangelio, a vivir la Fe y a darse a los demás. Todo el patrimonio de la Iglesia tiene sentido si sirve para anunciar a Jesucristo, para vivir la Fe y para darse a los demás. En este sentido, las catedrales, las parroquias, los medios de comunicación y los colegios, por ejemplo, están destinados a esa finalidad.
P. -¿Cuánto ingresa la Iglesia al año? ¿Qué porcentaje viene de la aportación directa de los fieles a través de las colectas en parroquias, donativos… y cuanto a través de la renta?
R. - Es un tema complicado de explicar porque para entender esto hay que explicar qué es la Iglesia o qué es lo que nosotros entendemos por Iglesia. Si preguntáramos qué dinero ingresan los madrileños, entendiendo por ello todos los ingresos de todos los madrileños, saldría una cifra ingente, pero esto no tiene consistencia ya que cada familia es una entidad económica diferente.
Cuando hablamos de “la Iglesia” ¿de qué estamos hablando? ¿de las 69 diócesis?, ¿de las 22.700 parroquias? ¿De las órdenes y congregaciones religiosas?, ¿de los 250 monasterios de clausura?, ¿de los colegios? Cada institución es autónoma.
Nosotros tenemos datos de las 69 diócesis en la medida en que la Conferencia Episcopal Española recauda el IRPF: 247 millones de euros según los datos de la última declaración; y los ingresos o gastos totales que pueden tener las diócesis españolas que, aproximadamente están alrededor de los 820 millones de euros ¿de dónde salen esos 820 millones de euros? De esos 247 millones de la Asignación Tributaria y el resto, fundamentalmente, viene de las aportaciones directas de los fieles: donativos, suscripciones, colectas, herencias,… y una pequeña parte ingresos de patrimonio.
P.- Entonces, la Iglesia, como tal, ¿sólo recibe de los impuestos lo relativo al IRPF?
R.- Exactamente. La Iglesia sólo recibe lo que los contribuyentes deciden que reciba puesto que no existen partidas presupuestarias para su sostenimiento.
La Iglesia sólo recibe lo que los contribuyentes deciden que reciba puesto que no existen partidas presupuestarias para su sostenimiento.
Hay veces que se habla de “las otras cuentas de la Iglesia” y entonces nos dicen “la Iglesia recibe de los conciertos educativos dos mil millones de euros”. Eso no es verdad ya que ese dinero, que se aplica a los colegios concertados de titularidad eclesiástica, es un dinero que va destinado a financiar la educación, que es un derecho de todos los españoles. Cuando el Estado financia un determinado colegio lo que está financiando es la educación de mis hijos, no el colegio. La Iglesia ahora al estado mucho dinero a través de la red de centros concertados, son unos 3 mil millones de euros de ahorro, ya que el Estado tiene que pagar menos dinero por un niño que se escolariza en un colegio concertado que si tuviera que prestar ese servicio de manera pública, según los datos del Ministerio. Lejos de financiar a la Iglesia, es la Iglesia la que, de manera indirecta, está financiando la educación. Otras “cuentas” se refieren a los profesores de Religión… pero ese dinero no va a la Iglesia, va a aquellas personas que están prestando un servicio que demandan los ciudadanos, que deciden que sus hijos vayan a clase de Religión.
P.- ¿Es cierto que el Estado ayuda a la Iglesia católica más que a otras confesiones?
R.- La Iglesia española no recibe un solo euro para su sostenimiento. Otras confesiones religiosas, a través de la Fundación Pluralismo y Convivencia, sí reciben subvenciones a su actividad concreta. Y no me parece mal. También podrían estar dentro del sistema de asignación tributaria y la Iglesia no se opone a ello. Hasta ahora el Estado ha venido regulando primero, que otras confesiones religiosas tengan el mismo régimen fiscal que la Iglesia Católica y segundo, que puedan acceder a un sistema de financiación directa a través de la Fundación Pluralismo y Convivencia. Pero, en ningún modo están en una situación de perjuicio con respecto a la Iglesia Católica.
P.-¿Sufre la Iglesia la crisis económica?
R.- Las instituciones de la Iglesia tienen un reto muy grande porque se financian con las aportaciones de los fieles. Si los fieles tienen menos dinero es más difícil recabar dinero. Pero las necesidades de la Iglesia se han multiplicado. Y se han multiplicado porque la Iglesia está con la gente, con esos 10 millones de personas que van a Misa los domingos y con los que no van, con los que se acercan a una parroquia, en primer lugar, para que alguien les escuche, porque no les escuchan en otro lado, tantas familias que se han quedado en el paro… en segundo lugar, para que les den una palabra de esperanza y, en tercer lugar, para procurar no solo una ayuda espiritual sino también una ayuda material. Esa situación se ha multiplicado con la crisis, con menos recursos tenemos que hacer más.
P.-Los católicos españoles ¿somos conscientes de que el sostenimiento de nuestras comunidades viene de nuestra aportación?
Poco a poco se va creando conciencia de que los católicos somos los que tenemos que sostener a nuestra Iglesia porque ¡queremos recibir de ella tantas cosas!
R.- Poco a poco la respuesta es creciente, pero todavía es insuficiente. Todavía hay gente que piensa que la Iglesia se sostiene del aire, o que el Estado financiará las parroquias o a los párrocos, como sucedía con anterioridad a 1979. Aunque poco a poco se va creando conciencia de que los católicos somos los que tenemos que sostener a nuestra Iglesia porque ¡queremos recibir de ella tantas cosas! Cuando participamos de la Eucaristía, los sacramentos la formación tenemos que ser generosos y corresponsables con la Iglesia.
(Mª José Atienza/ Agencia SIC)
jueves, 13 de marzo de 2014
Suscitad la vocación en vuestros hijos
Suscitad la vocación en vuestros hijos
Conservo en la memoria el relato que mosén Lemiñana, que en paz descanse, me hizo de su vocación. Tenía once años y presenció cómo fusilaban a su párroco del que era monaguillo. Muy impresionado volvió a casa, contó a su madre lo que había sucedido y le dijo con firmeza: quiero ser sacerdote porque han matado al cura. Y llegó a ser un buen cura, al que la Diócesis tanto debe.
Dios nos llama muchas veces en las situaciones que menos podíamos imaginar.
Unas veces dirigiéndose directamente a nuestro corazón y otras sirviéndose de intermediarios, que pueden ser nuestros padres, el sacerdote, los catequistas, un profesor o un amigo.
En esta semana celebraremos la festividad de san José, el esposo de María y educador de Jesús, Hijo de Dios y verdadero sacerdote de Dios, su Padre. Podemos decir que san José fue el formador de Jesucristo, sumo y eterno sacerdote. Por esto la Iglesia lo tiene como patrono del Seminario, donde se forman los futuros sacerdotes del Pueblo de Dios. En torno a esta fiesta, y el domingo, día 23 de marzo, celebraremos el
Día del Seminario. En esta Jornada hemos de tomar conciencia de la necesidad que el pueblo de Dios tiene de vocaciones al sacerdocio. Cumpliendo el encargo de Jesús:
rogad al dueño de la mies que mande trabajadores a su mies, hemos de rezar por los seminaristas que tenemos y para que el Señor nos conceda las vocaciones que necesitamos.
Esta es la primera tarea, porque cada vocación es un don de Dios. Además, hemos de empeñarnos en crear un clima propicio para que la vocación sacerdotal pueda germinar, de manera que no resulte un acto heroico el que un niño, un adolescente o un joven se plantee la posibilidad de ser sacerdote. Y luego habrá que acogerlo y ayudarle a discernir cómo puede responder a esta llamada.
En este asunto, el papel de los padres, de los abuelos y de la familia en general es muchas veces decisivo. Queridos padres, suscitad la vocación en vuestros hijos y, si Dios os hace este inmenso regalo, acompañadles en el camino y ponedlos en contacto con el párroco. Es también importante el papel de los sacerdotes que tratan con los niños, jóvenes y adolescentes. Casi todas las vocaciones al sacerdocio surgen por el
testimonio de algún sacerdote. Testimonios gozosos y humildes, de haber sido llamados por Dios para esta noble tarea al servicio del Pueblo de Dios. No tengáis miedo de proponerles explícitamente la vocación y de acompañar a quienes la reconocen. Un cura entregado y contento de serlo suele suscitar a su alrededor niños y jóvenes que quieren ser como él.
Pero es también toda la comunidad cristiana la que ha de intervenir en la tarea de suscitar vocaciones, especialmente los catequistas a quienes animo a plantear la vocación a los niños y jóvenes. Todos hemos de sentir como una primera necesidad el superar la actual escasez de sacerdotes que padecemos. Pidamos al Señor que no falte entre nosotros esa «pasión por el Evangelio» que mueva a muchos a seguir la llamada
del Señor.
Con mi afecto y bendición.
+ Alfonso Milián Sorribas
Obispo de Barbastro-Monzón
lunes, 13 de enero de 2014
Suscita horror pensar en los niños que no verán nunca la luz víctimas del aborto, dice el Papa
Suscita horror pensar en los niños que no verán nunca la luz víctimas del aborto, dice el Papa
El Papa Francisco dirigió esta mañana el habitual discurso de comienzos del año que los Pontíficen pronuncian sobre el “estado del mundo” al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, en el que pasó revista a una serie de importantes asuntos en todo el orbe como la paz, los jóvenes, la familia, las guerras, los desastres naturales y la ayuda de la Iglesia Católica; y en el que también resaltó que “suscita horror sólo el pensar en los niños que no podrán ver nunca la luz, víctimas del aborto”.
A continuación y gracias a Radio Vaticano, el discurso íntegro del Santo Padre en español:
Excelencias,
Señoras y Señores
Es ya una larga y consolidada tradición que el Papa encuentre, al comienzo de cada año, al Cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, para manifestar los mejores deseos e intercambiar algunas reflexiones, que brotan sobre todo de su corazón de pastor, que se interesa por las alegrías y dolores de la humanidad. Por eso, el encuentro de hoy es un motivo de gran alegría. Y me permite formularos a vosotros personalmente, a vuestras familias, a las autoridades y pueblos que representáis mis mejores deseos de un 2014 lleno de bendiciones y de paz.
Agradezco, en primer lugar, al Decano Jean-Claude Michel, quien en nombre de todos ha dado voz a las manifestaciones de afecto y estima que unen vuestras naciones con la Sede Apostólica. Me alegra veros aquí, en tan gran número, después de haberos encontrado la primera vez pocos días después de mi elección. Desde entonces se han acreditado muchos nuevos embajadores, a los que renuevo la bienvenida, a la vez que no puedo dejar de mencionar, entre los que nos han dejado, al difunto embajador Alejandro Valladares Lanza, durante varios años Decano del Cuerpo diplomático, y al que el Señor llamó a su presencia hace algunos meses.
El año que acaba de terminar ha estado especialmente cargado de acontecimientos no sólo en la vida de la Iglesia, sino también en el ámbito de las relaciones que la Santa Sede mantiene con los Estados y las Organizaciones internacionales. Recuerdo, en concreto, el establecimiento de relaciones diplomáticas con Sudán del Sur, la firma de acuerdos, de base o específicos, con Cabo Verde, Hungría y Chad, y la ratificación del que se suscribió con Guinea Ecuatorial en el 2012. También en el ámbito regional ha crecido la presencia de la Santa Sede, tanto en América central, donde se ha convertido en Observador Extra-Regional ante el Sistema de la Integración Centroamericana, como en África, con la acreditación del primer Observador permanente ante la Comunidad Económica de los Estados del África Occidental.
En el mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, dedicado a la fraternidad como fundamento y camino para la paz, he subrayado que «la fraternidad se empieza a aprender en el seno de la familia», que «por vocación, debería contagiar al mundo con su amor» y contribuir a que madure ese espíritu de servicio y participación que construye la paz.42 Nos lo señala el pesebre, donde no vemos a la Sagrada Familia sola y aislada del mundo, sino rodeada de los pastores y los magos, es decir de una comunidad abierta, en la que hay lugar para todos, pobres y ricos, cercanos y lejanos. Se entienden así las palabras de mi amado predecesor Benedicto XVI, quien subrayaba cómo «la gramática familiar es una gramática de paz».
Por desgracia, esto no sucede con frecuencia, porque aumenta el número de las familias divididas y desgarradas, no sólo por la frágil conciencia de pertenencia que caracteriza el mundo actual, sino también por las difíciles condiciones en las que muchas de ellas se ven obligadas a vivir, hasta el punto de faltarles los mismos medios de subsistencia. Se necesitan, por tanto, políticas adecuadas que sostengan, favorezcan y consoliden la familia.
Sucede, además, que los ancianos son considerados como un peso, mientras que los jóvenes non ven ante ellos perspectivas ciertas para su vida. Ancianos y jóvenes, por el contrario, son la esperanza de la humanidad. Los primeros aportan la sabiduría de la experiencia; los segundos nos abren al futuro, evitando que nos encerremos en nosotros mismos. Es sabio no marginar a los ancianos en la vida social para mantener viva la memoria de un pueblo. Igualmente, es bueno invertir en los jóvenes, con iniciativas adecuadas que les ayuden a encontrar trabajo y a fundar un hogar. ¡No hay que apagar su entusiasmo! Conservo viva en mi mente la experiencia de la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud de Río de Janeiro. ¡Cuántos jóvenes contentos pude encontrar! ¡Cuánta esperanza y expectación en sus ojos y en sus oraciones! ¡Cuánta sed de vida y deseo de abrirse a los demás! La clausura y el aislamiento crean siempre una atmósfera asfixiante y pesada, que tarde o temprano acaba por entristecer y ahogar. Se necesita, en cambio, un compromiso común por parte de todos para favorecer una cultura del encuentro, porque sólo quien es capaz de ir hacia los otros puede dar fruto, crear vínculos de comunión, irradiar alegría, edificar la paz.
Por si fuera necesario, lo confirman las imágenes de destrucción y de muerte que hemos tenido ante los ojos en el año apenas terminado. Cuánto dolor, cuánta desesperación provoca la clausura en sí mismos, que adquiere poco a poco el rostro de la envidia, del egoísmo, de la rivalidad, de la sed de poder y de dinero. A veces, parece que esas realidades estén destinadas a dominar. La Navidad, en cambio, infunde en nosotros, cristianos, la certeza de que la última y definitiva palabra pertenece al Príncipe de la Paz, que cambia «las espadas en arados y las lanzas en podaderas» (cf. Is 2,4) y transforma el egoísmo en don de sí y la venganza en perdón.
Con esta confianza, deseo mirar al año que nos espera. No dejo, por tanto, de esperar que se acabe finalmente el conflicto en Siria. La solicitud por esa querida población y el deseo de que no se agravara la violencia me llevaron en el mes de septiembre pasado a convocar una jornada de ayuno y oración. Por vuestro medio, agradezco de corazón a las autoridades públicas y a las personas de buena voluntad que en vuestros países se asociaron a esa iniciativa. Se necesita una renovada voluntad política de todos para poner fin al conflicto. En esa perspectiva, confío en que la Conferencia «Ginebra 2», convocada para el próximo 22 de enero, marque el comienzo del deseado camino de pacificación. Al mismo tiempo, es imprescindible que se respete plenamente el derecho humanitario. No se puede aceptar que se golpee a la población civil inerme, sobre todo a los niños. Animo, además, a todos a facilitar y garantizar, de la mejor manera posible, la necesaria y urgente asistencia a gran parte de la población, sin olvidar el encomiable esfuerzo de aquellos países, sobre todo el Líbano y Jordania, que con generosidad han acogido en sus territorios a numerosos prófugos sirios.
Permaneciendo en Oriente Medio, advierto con preocupación las tensiones que de diversos modos afectan a la Región. Me preocupa especialmente que continúen las dificultades políticas en Líbano, donde un clima de renovada colaboración entre las diversas partes de la sociedad civil y las fuerzas políticas es más que nunca indispensable, para evitar que se intensifiquen los contrastes que pueden minar la estabilidad del país. Pienso también en Egipto, que necesita encontrar de nuevo una concordia social, como también en Iraq, que le cuesta llegar a la deseada paz y estabilidad. Al mismo tiempo, veo con satisfacción los significativos progresos realizados en el diálogo entre Irán y el «Grupo 5+1» sobre la cuestión nuclear.
En cualquier lugar, el camino para resolver los problemas abiertos ha de ser la diplomacia del diálogo. Se trata de la vía maestra ya indicada con lucidez por el papa Benedicto XV cuando invitaba a los responsables de las naciones europeas a hacer prevalecer «la fuerza moral del derecho» sobre la «material de las armas» para poner fin a aquella «inútil carnicería» que fue la Primera Guerra Mundial, de la que en este año celebramos el centenario. Es necesario animarse «a ir más allá de la superficie conflictiva» y mirar a los demás en su dignidad más profunda, para que la unidad prevalezca sobre el conflicto y sea «posible desarrollar una comunión en las diferencias». En este sentido, es positivo que se hayan retomado las negociaciones de paz entre israelitas y palestinos, y deseo que las partes asuman con determinación, con la ayuda de la Comunidad internacional, decisiones valientes para encontrar una solución justa y duradera a un conflicto cuyo fin se muestra cada vez más necesario y urgente. No deja de suscitar preocupación el éxodo de los cristianos de Oriente Medio y del Norte de África. Ellos desean seguir siendo parte del conjunto social, político y cultural de los países que han ayudado a edificar, y aspiran a contribuir al bien común de las sociedades en las que desean estar plenamente incorporados, como artífices de paz y reconciliación.
También en otras partes de África, los cristianos están llamados a dar testimonio del amor y la misericordia de Dios. No hay que dejar nunca de hacer el bien, aún cuando resulte arduo y se sufran actos de intolerancia, por no decir de verdadera y propia persecución. En grandes áreas de Nigeria no se detiene la violencia y se sigue derramando mucha sangre inocente. Mi pensamiento se dirige especialmente a la República Centroafricana, donde la población sufre a causa de las tensiones que el país atraviesa y que repetidamente han sembrado destrucción y muerte. Aseguro mi oración por las víctimas y los numerosos desplazados, obligados a vivir en condiciones de pobreza, y espero que la implicación de la Comunidad internacional contribuya al cese de la violencia, al restablecimiento del estado de derecho y a garantizar el acceso de la ayuda humanitaria también a las zonas más remotas del país. La Iglesia católica por su parte seguirá asegurando su propia presencia y colaboración, esforzándose con generosidad para procurar toda ayuda posible a la población y, sobre todo, para reconstruir un clima de reconciliación y de paz entre todas las partes de la sociedad. Reconciliación y paz son una prioridad fundamental también en otras partes del continente africano. Me refiero especialmente a Malí, donde incluso se observa el positivo restablecimiento de las estructuras democráticas del país, como también a Sudán del Sur, donde, por el contrario, la inestabilidad política del último período ha provocado ya muchos muertos y una nueva emergencia humanitaria.
La Santa Sede sigue con especial atención los acontecimientos de Asia, donde la Iglesia desea compartir los gozos y esperanzas de todos los pueblos que componen aquel vasto y noble continente. Con ocasión del 50 aniversario de las relaciones diplomáticas con la República de Corea, quisiera implorar de Dios el don de la reconciliación en la península, con el deseo de que, por el bien de todo el pueblo coreano, las partes interesadas no se cansen de buscar puntos de encuentro y posibles soluciones. Asia, en efecto, tiene una larga historia de pacífica convivencia entre sus diversas partes civiles, étnicas y religiosas. Hay que alentar ese recíproco respeto, sobre todo frente a algunas señales preocupantes de su debilitamiento, en particular frente a crecientes actitudes de clausura que, apoyándose en motivos religiosos, tienden a privar a los cristianos de su libertad y a poner en peligro la convivencia civil. La Santa Sede, en cambio, mira con gran esperanza las señales de apertura que provienen de países de gran tradición religiosa y cultural, con los que desea colaborar en la edificación del bien común.
La paz además se ve herida por cualquier negación de la dignidad humana, sobre todo por la imposibilidad de alimentarse de modo suficiente. No nos pueden dejar indiferentes los rostros de cuantos sufren el hambre, sobre todo los niños, si pensamos a la cantidad de alimento que se desperdicia cada día en muchas partes del mundo, inmersas en la que he definido en varias ocasiones como la «cultura del descarte». Por desgracia, objeto de descarte no es sólo el alimento o los bienes superfluos, sino con frecuencia los mismos seres humanos, que vienen «descartados» como si fueran «cosas no necesarias». Por ejemplo, suscita horror sólo el pensar en los niños que no podrán ver nunca la luz, víctimas del aborto, o en los que son utilizados como soldados, violentados o asesinados en los conflictos armados, o hechos objeto de mercadeo en esa tremenda forma de esclavitud moderna que es la trata de seres humanos, y que es un delito contra la humanidad.
No podemos ser insensibles al drama de las multitudes obligadas a huir por la carestía, la violencia o los abusos, especialmente en el Cuerno de África y en la Región de los Grandes Lagos. Muchos de ellos viven como prófugos o refugiados en campos donde no vienen considerados como personas sino como cifras anónimas. Otros, con la esperanza de una vida mejor, emprenden viajes aventurados, que a menudo terminan trágicamente. Pienso de modo particular en los numerosos emigrantes que de América Latina se dirigen a los Estados Unidos, pero sobre todo en los que de África o el Oriente Medio buscan refugio en Europa.
Permanece todavía viva en mi memoria la breve visita que realicé a Lampedusa, en julio pasado, para rezar por los numerosos náufragos en el Mediterráneo. Por desgracia hay una indiferencia generalizada frente a semejantes tragedias, que es una señal dramática de la pérdida de ese «sentido de la responsabilidad fraterna», sobre el que se basa toda sociedad civil. En aquella circunstancia, sin embargo, pude constatar también la acogida y dedicación de tantas personas. Deseo al pueblo italiano, al que miro con afecto, también por las raíces comunes que nos unen, que renueve su encomiable compromiso de solidaridad hacia los más débiles e indefensos y, con el esfuerzo sincero y unánime de ciudadanos e instituciones, venza las dificultades actuales, encontrando el clima de constructiva creatividad social que lo ha caracterizado ampliamente.
En fin, deseo mencionar otra herida a la paz, que surge de la ávida explotación de los recursos ambientales. Si bien «la naturaleza está a nuestra disposición», con frecuencia «no la respetamos, no la consideramos un don gratuito que tenemos que cuidar y poner al servicio de los hermanos, también de las generaciones futuras». También en este caso hay que apelar a la responsabilidad de cada uno para que, con espíritu fraterno, se persigan políticas respetuosas de nuestra tierra, que es la casa de todos nosotros. Recuerdo un dicho popular que dice: «Dios perdona siempre, nosotros perdonamos algunas veces, la naturaleza -la creación-, cuando viene maltratada, no perdona nunca». Por otra parte, hemos visto con nuestros ojos los efectos devastadores de algunas recientes catástrofes naturales. En particular, deseo recordar una vez más a las numerosas víctimas y las grandes devastaciones en Filipinas y en otros países del sureste asiático, provocadas por el tifón Haiyan.
Excelencias, Señoras y Señores:
El Papa Pablo VI afirmaba que la paz «no se reduce a una ausencia de guerra, fruto del equilibrio siempre precario de las fuerzas. La paz se construye día a día, en la instauración de un orden querido por Dios, que comporta una justicia más perfecta entre los hombres». Éste es el espíritu que anima la actividad de la Iglesia en cualquier parte del mundo, mediante los sacerdotes, los misioneros, los fieles laicos, que con gran espíritu de dedicación se prodigan entre otras cosas en múltiples obras de carácter educativo, sanitario y asistencial, al servicio de los pobres, los enfermos, los huérfanos y de quienquiera que esté necesitado de ayuda y consuelo. A partir de esta «atención amante», la Iglesia coopera con todas las instituciones que se interesan tanto del bien de los individuos como del común.
Al comienzo de este nuevo año, deseo renovar la disponibilidad de la Santa Sede, y en particular de la Secretaría de Estado, a colaborar con vuestros países para favorecer esos vínculos de fraternidad, que son reverberación del amor de Dios, y fundamento de la concordia y la paz. Que la bendición del Señor descienda copiosa sobre vosotros, vuestras familias y vuestros pueblos. Gracias.
13 de enero del 2014
lunes, 30 de diciembre de 2013
jueves, 19 de diciembre de 2013
Necesitamos oír una buena notícia
Necesitamos oír una buena notícia
Por Mons. Alfonso Milián Sorribas el 19 de diciembre de 2013
En medio de tantos temores y de una realidad tan dura como la que estamos viviendo, necesitamos oír una buena noticia, que sea para todo el pueblo y no sólo para unos pocos. Ésta nos la trae Jesús con su nacimiento en nuestra carne. Nuestro papa Francisco, con sus gestos humildes y sus palabras llenas de comprensión, nos la ha recordado infundiéndonos ánimo para cambiar el mundo en que vivimos.
Por eso os quiero felicitar la Navidad con las primeras líneas de la carta del Papa Francisco: «La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría».
La alegría que nos trae Jesús no es una alegría pasajera, de un momento, de un día; es una alegría que penetra hasta lo más íntimo de nuestro ser, que dura siempre y que va creciendo en la medida en que la vamos comunicando. Habréis observado que la tristeza disminuye cuando compartimos nuestras penas con los demás; pero con la alegría ocurre todo lo contrario: crece cuando se comparte. «La vida ―nos dice el Papa― se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. De hecho los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad de la orilla y se apasionan en la misión de comunicar vida a los demás. (…) No miren la vida desde el balcón, sean protagonistas».
La Buena Noticia del nacimiento de Dios en nuestra carne no nos la podemos guardar, debemos comunicarla, aun cuando corramos algunos riesgos, como nos dice el Papa: «Prefiero una iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades».
Jesús se colocó siempre entre los últimos. Lo vemos claramente en su nacimiento. Nace en un establo, pobremente, pero acompañado por el amor de su madre, María, y de José, una verdadera riqueza. Su figura de recién nacido despierta ternura, compasión y admiración. A nadie deja indiferente.
Y a nadie dejará indiferente durante su vida pública. Se acercó a los pobres, a los marginados y a los pecadores; recorrió los caminos, el Jordán, el lago de Galilea buscando el encuentro con todos, especialmente con los enfermos y los que sufrían.
Estos días adoraremos a Jesús en nuestros belenes. No nos contentemos con besar su imagen en el templo, salgamos a reconocerle y adorarle en la calle, allí donde haya una persona que sufre, porque allí está él. Y colaboremos en la Campaña de Navidad que Cáritas realiza para ayudar a los necesitados. Seamos generosos.
Si así lo hacemos, renacerá la alegría en nuestros corazones y daremos alegría a muchos hermanos.
¡Feliz y Santa Navidad!
+ Alfonso Milián Sorribas
Obispo de Barbastro-Monzón
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