De los Comentarios de san Agustín, obispo, sobre los salmos
(Salmo 85, 1: CCL 39, 1176-1177)
JESUCRISTO ORA POR NOSOTROS, ORA EN NOSOTROS, Y AL MISMO TIEMPO ES A ÉL A QUIEN DIRIGIMOS NUESTRA ORACIÓN
El mayor don que Dios podía conceder a los hombres es hacer que su Palabra, por quien creó todas las cosas, fuera la cabeza de ellos, y unirlos a ella como miembros suyos, de manera que el Hijo de Dios fuera también hijo de los hombres, un solo Dios con el Padre, un solo hombre con los hombres; y así, cuando hablamos con Dios en la oración, el Hijo está unido a nosotros, y, cuando ruega el cuerpo del Hijo, lo hace unido a su cabeza; de este modo, el único Salvador de su cuerpo, nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ora por nosotros, ora en nosotros, y al mismo tiempo es a él a quien dirigimos nuestra oración.
Ora por nosotros, como sacerdote nuestro; ora en nosotros, como cabeza nuestra; recibe nuestra oración, como nuestro Dios.
Reconozcamos, pues, nuestra propia voz en él y su propia voz en nosotros. Y, cuando hallemos alguna afirmación referente al Señor Jesucristo, sobre todo en las profecías, que nos parezca contener algo humillante e indigno de Dios, no tengamos reparo alguno en atribuírsela, pues él no tuvo reparo en hacerse uno de nosotros.
A él sirve toda creatura, porque por él fue hecha toda creatura, y, por esto, contemplamos su sublimidad y divinidad cuando escuchamos: Ya al comienzo de las cosas existía la Palabra, y la Palabra estaba con Dios y la Palabra era Dios; ya al principio estaba ella con Dios; por ella empezaron a existir todas las cosas, y ninguna de las que existen empezó a ser sino por ella. Pero los que contemplamos esta divinidad del Hijo de Dios, que supera y trasciende de modo absoluto a toda creatura, por sublime que sea, lo oímos también, en otros lugares de la Escritura, gimiendo y suplicando, como si se reconociera reo de algo.
Y dudamos en atribuirle estas expresiones por el hecho de que nuestra mente, que acaba de contemplarlo en su divinidad, se resiste a descender hasta su abajamiento, y le parece que le hace injuria al admitir unas expresiones humanas en aquel a quien acaba de dirigir su oración como Dios; y, así, duda muchas veces y se esfuerza en cambiar el sentido de las palabras; y lo único que encuentra en la Escritura es el recurso a él, para no errar acerca de él.
Por tanto, que nuestra fe esté despierta y vigilante; y démonos cuenta de que aquel mismo que contemplábamos poco antes en su condición de Dios tomó la condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte; y, clavado en la cruz, quiso hacer suyas las palabras del salmo: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Por tanto, oramos a él por su condición de Dios, ora él por su condición de siervo; por su condición divina es creador, por su condición de siervo es creado, habiendo asumido él, inmutable, a la creatura mudable, y haciéndonos a nosotros con él un solo hombre, cabeza y cuerpo. Así, pues, oramos a él, por él y en él; hablamos con él y él habla en nosotros.
RESPONSORIO Jn 16, 24. 23
R. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre. * Pedid y recibiréis, y vuestra alegría será completa.
V. Yo os lo aseguro: cuanto pidáis al Padre en mi nombre os lo concederá.
R. Pedid y recibiréis, y vuestra alegría será completa.
ORACIÓN.
OREMOS,
Dios misericordioso, ilumina los corazones de tus hijos que tratan de purificarse por la penitencia de la Cuaresma y, ya que nos infundes el deseo de servirte con amor, dígnate escuchar paternalmente nuestras súplicas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén
jueves, 10 de abril de 2014
miércoles, 2 de abril de 2014
NINGÚN CIENTÍFICO HA CREADO VIDA. DESMIENTEN FALSA NOTICIA
Aclaración a la noticia “científicos han creado vida”
El
viernes 28 de la semana pasada los medios nos inundaron con la espectacular
noticia de que un grupo de científicos había logrado “crear vida” en un
laboratorio. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce. Los católicos debemos
desconfiar de los medios seculares por principio, porque tienen un claro
prejuicio anti-cristiano. Y en materia científica sabemos que parten de la
postura filosófica del naturalismo; es decir, descartan categóricamente la
intervención divina en el mundo físico.
Esta
noticia no es solamente un ejemplo más de sensacionalismo periodístico, sino una
muestra de la soberbia humana. El hombre jamás creará vida en el sentido
auténtico, porque sólo Dios es “Señor y dador de vida”, como rezamos en el
Credo. Lo que realmente han hecho estos científicos es poca cosa, comparado con
“crear vida”. Para que el lector tenga una idea, es como si anuncio a bombo y
platillo que un mono ha logrado construir una casa, cuando lo único que ha hecho
es formar un ladrillo, con la ayuda de su cuidador. Sí, las casas se construyen
con ladrillos, ¡pero hay un trecho entre tener un ladrillo y tener una
casa!
Una
lectora de Tradición Digital, profesora de Biología Molecular, nos ha mandado
esto:
Científicos
crean vida artificial con un cromosoma de la levadura del
pan
¿Y
quién creo al cromosoma de la levadura? Con lo cual no lo sacaron de la nada,
sino que la copiaron de lo que Dios ha creado ya en la naturaleza. El titular
sensacionalista de la noticia es falso. Y sigue el juego de palabras del
investigador: “Hemos creado una versión modificada de una secuencia de cromosoma
natural. Se trata de una versión sintética de la versión nativa”. Es decir, no
han creado nada, sino copiado y además modificándolo del original, pero hasta
cierto punto que no se distancie del patrón mínimo aceptable para funcionar en
la célula nativa. Todo lo que se ha podido fabricar hasta ahora es un cromosoma
artificial solamente a) porque tenían un conocimiento externo previo, acumulado
tras décadas de investigaciones (errores y aciertos) y b) copiando de otro
preexistente creado por Dios. Una cosa es construir un cromosoma con elementos
preexistentes y otra es crear vida de la nada, como lo hizo Dios, infundiendo en
ellas leyes químicas para que se renueven siempre siguiendo el patrón (ADN) de
sus antecesores, y el que se distancie de este patrón es eliminado (no
sobrevive).
Las
portadas de los periódicos no usan de prudencia ni de rigor científico a la hora
de elaborar titulares de ciencia. No se ha creado en absoluto vida artificial.
De ninguna manera se ha creado vida a partir de constituyentes químicos -no solo
basta con sintetizar un cromosoma, sino todos los demás del genoma, los
elementos de la propia célula (levadura), sus organelos y proteínas necesarias
para que el ADN y la misma célula, juntarlos todos para que funcionen
correctamente, como ya ocurre naturalmente en todos los organismos de la
Creación.
Con
la soberbia del hombre actual de querer ser como Dios va en aumento, y el padre
de la soberbia y de la mentira es el Diablo, a quien ha sido dado gran poder en
este tiempo actual de Apostasía y tinieblas, puede que se logre construir
células por métodos artificiales algún día, pero siempre a partir de los
conocimientos que se descubren acerca de lo que ya puso Dios en la naturaleza. Y
esto aún no ha sido logrado. Dada la ignorancia científica generalizada, aun en
los medios académicos, noticias de ciencia como estas engañan a la gente,
haciéndola pensar que ya el hombre criatura se ha hecho como Dios
Creador.
“La Iglesia sólo recibe lo que los contribuyentes deciden que reciba”
Fernando Gimenez Barriocanal “La Iglesia sólo recibe lo que los contribuyentes deciden que reciba”
SIC 1 abril, 2014 Fernando Gimenez Barriocanal “La Iglesia sólo recibe lo que los contribuyentes deciden que reciba”2014-04-01T13:08:13+00:00 Entrevistas, Envío
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¿Sostiene el Estado a la Iglesia? ¿Tiene la Iglesia Católica en España privilegios fiscales? ¿Dónde va mi aportación dominical? Son preguntas que, con frecuencia, aparecen en conversaciones o noticias en los medios de comunicación. Fernando Giménez Barriocanal, Vicesecretario para Asuntos Económicos de la Conferencia Episcopal Española ha respondido a muchas de ellas en esta entrevista concedida a Agencia SIC.
P.- Cada año el tema de la asignación tributaria a la Iglesia emerge en los medios de comunicación, al mismo tiempo, “Por tantos” es una de las campañas más fuertes que la Iglesia española lleva a cabo, ¿tan importante es el tema económico?
Los temas intraeclesiales tiene un encaje más difícil en los medios de carácter generalista mientras que todo el mundo habla de dinero
R. - Creo que la Iglesia hace muchísimas campañas… otra cosa es la repercusión que tienen en los medios de comunicación. Normalmente los temas intraeclesiales tiene un encaje más difícil en los medios de carácter generalista mientras que todo el mundo habla de dinero, todo el mundo entiende el dinero. Ése es un primer aspecto. Un segundo aspecto es que, en el caso de la campaña de la Renta, está dirigida a todos los contribuyentes y eso es lo que hace que tenga mayor repercusión. No creo que la Iglesia este obsesionada con el tema del dinero. En absoluto.
P.- Temas como la exención de pago del IBI o “las riquezas de la Iglesia” son recurrentes en conversaciones y tertulias ‘informativas’ ¿falta información real sobre estos asuntos? ¿Qué impuestos paga la Iglesia? ¿La Iglesia es rica?
R.- Si hablamos de impuestos, existen unos acuerdos del 1979, que establecen un régimen particular para la Iglesia que luego ha sido asumido por otras confesiones, no sólo por la Iglesia Católica. Actualmente el régimen fiscal de la Iglesia es la Ley del Mecenazgo que afecta a todas las fundaciones de este país, ONG`s internacionales, asociaciones de entidad pública, etc.
Por tanto, decir que la Iglesia tiene un régimen fiscal privilegiado es falso. La Iglesia tiene el mismo régimen que entidades equiparadas a ella: cualquier fundación de cualquier partido político, fundaciones de interés social… tienen el mismo régimen fiscal que la Iglesia: pagan el mismo IBI, el mismo impuesto sobre sociedades, tiene las mismas desgravaciones fiscales en los donativos, etc.
Todo el patrimonio de la Iglesia tiene sentido si sirve para anunciar a Jesucristo, para vivir la Fe y para darse a los demás.
La Iglesia tiene patrimonio, sí. Una institución que lleva 20 siglos emplazada en España es lógico que tenga patrimonio. Si, a lo largo de la vida, una familia empieza de cero y acaba teniendo, por ejemplo, una casa, es lógico pensar que la Iglesia tenga patrimonio. Otra cosa es que sea rica o que viva por encima de sus posibilidades… no es así porque el patrimonio de la Iglesia está afecto a sus fines fundamentales: anunciar el Evangelio, a vivir la Fe y a darse a los demás. Todo el patrimonio de la Iglesia tiene sentido si sirve para anunciar a Jesucristo, para vivir la Fe y para darse a los demás. En este sentido, las catedrales, las parroquias, los medios de comunicación y los colegios, por ejemplo, están destinados a esa finalidad.
P. -¿Cuánto ingresa la Iglesia al año? ¿Qué porcentaje viene de la aportación directa de los fieles a través de las colectas en parroquias, donativos… y cuanto a través de la renta?
R. - Es un tema complicado de explicar porque para entender esto hay que explicar qué es la Iglesia o qué es lo que nosotros entendemos por Iglesia. Si preguntáramos qué dinero ingresan los madrileños, entendiendo por ello todos los ingresos de todos los madrileños, saldría una cifra ingente, pero esto no tiene consistencia ya que cada familia es una entidad económica diferente.
Cuando hablamos de “la Iglesia” ¿de qué estamos hablando? ¿de las 69 diócesis?, ¿de las 22.700 parroquias? ¿De las órdenes y congregaciones religiosas?, ¿de los 250 monasterios de clausura?, ¿de los colegios? Cada institución es autónoma.
Nosotros tenemos datos de las 69 diócesis en la medida en que la Conferencia Episcopal Española recauda el IRPF: 247 millones de euros según los datos de la última declaración; y los ingresos o gastos totales que pueden tener las diócesis españolas que, aproximadamente están alrededor de los 820 millones de euros ¿de dónde salen esos 820 millones de euros? De esos 247 millones de la Asignación Tributaria y el resto, fundamentalmente, viene de las aportaciones directas de los fieles: donativos, suscripciones, colectas, herencias,… y una pequeña parte ingresos de patrimonio.
P.- Entonces, la Iglesia, como tal, ¿sólo recibe de los impuestos lo relativo al IRPF?
R.- Exactamente. La Iglesia sólo recibe lo que los contribuyentes deciden que reciba puesto que no existen partidas presupuestarias para su sostenimiento.
La Iglesia sólo recibe lo que los contribuyentes deciden que reciba puesto que no existen partidas presupuestarias para su sostenimiento.
Hay veces que se habla de “las otras cuentas de la Iglesia” y entonces nos dicen “la Iglesia recibe de los conciertos educativos dos mil millones de euros”. Eso no es verdad ya que ese dinero, que se aplica a los colegios concertados de titularidad eclesiástica, es un dinero que va destinado a financiar la educación, que es un derecho de todos los españoles. Cuando el Estado financia un determinado colegio lo que está financiando es la educación de mis hijos, no el colegio. La Iglesia ahora al estado mucho dinero a través de la red de centros concertados, son unos 3 mil millones de euros de ahorro, ya que el Estado tiene que pagar menos dinero por un niño que se escolariza en un colegio concertado que si tuviera que prestar ese servicio de manera pública, según los datos del Ministerio. Lejos de financiar a la Iglesia, es la Iglesia la que, de manera indirecta, está financiando la educación. Otras “cuentas” se refieren a los profesores de Religión… pero ese dinero no va a la Iglesia, va a aquellas personas que están prestando un servicio que demandan los ciudadanos, que deciden que sus hijos vayan a clase de Religión.
P.- ¿Es cierto que el Estado ayuda a la Iglesia católica más que a otras confesiones?
R.- La Iglesia española no recibe un solo euro para su sostenimiento. Otras confesiones religiosas, a través de la Fundación Pluralismo y Convivencia, sí reciben subvenciones a su actividad concreta. Y no me parece mal. También podrían estar dentro del sistema de asignación tributaria y la Iglesia no se opone a ello. Hasta ahora el Estado ha venido regulando primero, que otras confesiones religiosas tengan el mismo régimen fiscal que la Iglesia Católica y segundo, que puedan acceder a un sistema de financiación directa a través de la Fundación Pluralismo y Convivencia. Pero, en ningún modo están en una situación de perjuicio con respecto a la Iglesia Católica.
P.-¿Sufre la Iglesia la crisis económica?
R.- Las instituciones de la Iglesia tienen un reto muy grande porque se financian con las aportaciones de los fieles. Si los fieles tienen menos dinero es más difícil recabar dinero. Pero las necesidades de la Iglesia se han multiplicado. Y se han multiplicado porque la Iglesia está con la gente, con esos 10 millones de personas que van a Misa los domingos y con los que no van, con los que se acercan a una parroquia, en primer lugar, para que alguien les escuche, porque no les escuchan en otro lado, tantas familias que se han quedado en el paro… en segundo lugar, para que les den una palabra de esperanza y, en tercer lugar, para procurar no solo una ayuda espiritual sino también una ayuda material. Esa situación se ha multiplicado con la crisis, con menos recursos tenemos que hacer más.
P.-Los católicos españoles ¿somos conscientes de que el sostenimiento de nuestras comunidades viene de nuestra aportación?
Poco a poco se va creando conciencia de que los católicos somos los que tenemos que sostener a nuestra Iglesia porque ¡queremos recibir de ella tantas cosas!
R.- Poco a poco la respuesta es creciente, pero todavía es insuficiente. Todavía hay gente que piensa que la Iglesia se sostiene del aire, o que el Estado financiará las parroquias o a los párrocos, como sucedía con anterioridad a 1979. Aunque poco a poco se va creando conciencia de que los católicos somos los que tenemos que sostener a nuestra Iglesia porque ¡queremos recibir de ella tantas cosas! Cuando participamos de la Eucaristía, los sacramentos la formación tenemos que ser generosos y corresponsables con la Iglesia.
(Mª José Atienza/ Agencia SIC)
jueves, 13 de marzo de 2014
Suscitad la vocación en vuestros hijos
Suscitad la vocación en vuestros hijos
Conservo en la memoria el relato que mosén Lemiñana, que en paz descanse, me hizo de su vocación. Tenía once años y presenció cómo fusilaban a su párroco del que era monaguillo. Muy impresionado volvió a casa, contó a su madre lo que había sucedido y le dijo con firmeza: quiero ser sacerdote porque han matado al cura. Y llegó a ser un buen cura, al que la Diócesis tanto debe.
Dios nos llama muchas veces en las situaciones que menos podíamos imaginar.
Unas veces dirigiéndose directamente a nuestro corazón y otras sirviéndose de intermediarios, que pueden ser nuestros padres, el sacerdote, los catequistas, un profesor o un amigo.
En esta semana celebraremos la festividad de san José, el esposo de María y educador de Jesús, Hijo de Dios y verdadero sacerdote de Dios, su Padre. Podemos decir que san José fue el formador de Jesucristo, sumo y eterno sacerdote. Por esto la Iglesia lo tiene como patrono del Seminario, donde se forman los futuros sacerdotes del Pueblo de Dios. En torno a esta fiesta, y el domingo, día 23 de marzo, celebraremos el
Día del Seminario. En esta Jornada hemos de tomar conciencia de la necesidad que el pueblo de Dios tiene de vocaciones al sacerdocio. Cumpliendo el encargo de Jesús:
rogad al dueño de la mies que mande trabajadores a su mies, hemos de rezar por los seminaristas que tenemos y para que el Señor nos conceda las vocaciones que necesitamos.
Esta es la primera tarea, porque cada vocación es un don de Dios. Además, hemos de empeñarnos en crear un clima propicio para que la vocación sacerdotal pueda germinar, de manera que no resulte un acto heroico el que un niño, un adolescente o un joven se plantee la posibilidad de ser sacerdote. Y luego habrá que acogerlo y ayudarle a discernir cómo puede responder a esta llamada.
En este asunto, el papel de los padres, de los abuelos y de la familia en general es muchas veces decisivo. Queridos padres, suscitad la vocación en vuestros hijos y, si Dios os hace este inmenso regalo, acompañadles en el camino y ponedlos en contacto con el párroco. Es también importante el papel de los sacerdotes que tratan con los niños, jóvenes y adolescentes. Casi todas las vocaciones al sacerdocio surgen por el
testimonio de algún sacerdote. Testimonios gozosos y humildes, de haber sido llamados por Dios para esta noble tarea al servicio del Pueblo de Dios. No tengáis miedo de proponerles explícitamente la vocación y de acompañar a quienes la reconocen. Un cura entregado y contento de serlo suele suscitar a su alrededor niños y jóvenes que quieren ser como él.
Pero es también toda la comunidad cristiana la que ha de intervenir en la tarea de suscitar vocaciones, especialmente los catequistas a quienes animo a plantear la vocación a los niños y jóvenes. Todos hemos de sentir como una primera necesidad el superar la actual escasez de sacerdotes que padecemos. Pidamos al Señor que no falte entre nosotros esa «pasión por el Evangelio» que mueva a muchos a seguir la llamada
del Señor.
Con mi afecto y bendición.
+ Alfonso Milián Sorribas
Obispo de Barbastro-Monzón
lunes, 13 de enero de 2014
Suscita horror pensar en los niños que no verán nunca la luz víctimas del aborto, dice el Papa
Suscita horror pensar en los niños que no verán nunca la luz víctimas del aborto, dice el Papa
El Papa Francisco dirigió esta mañana el habitual discurso de comienzos del año que los Pontíficen pronuncian sobre el “estado del mundo” al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, en el que pasó revista a una serie de importantes asuntos en todo el orbe como la paz, los jóvenes, la familia, las guerras, los desastres naturales y la ayuda de la Iglesia Católica; y en el que también resaltó que “suscita horror sólo el pensar en los niños que no podrán ver nunca la luz, víctimas del aborto”.
A continuación y gracias a Radio Vaticano, el discurso íntegro del Santo Padre en español:
Excelencias,
Señoras y Señores
Es ya una larga y consolidada tradición que el Papa encuentre, al comienzo de cada año, al Cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, para manifestar los mejores deseos e intercambiar algunas reflexiones, que brotan sobre todo de su corazón de pastor, que se interesa por las alegrías y dolores de la humanidad. Por eso, el encuentro de hoy es un motivo de gran alegría. Y me permite formularos a vosotros personalmente, a vuestras familias, a las autoridades y pueblos que representáis mis mejores deseos de un 2014 lleno de bendiciones y de paz.
Agradezco, en primer lugar, al Decano Jean-Claude Michel, quien en nombre de todos ha dado voz a las manifestaciones de afecto y estima que unen vuestras naciones con la Sede Apostólica. Me alegra veros aquí, en tan gran número, después de haberos encontrado la primera vez pocos días después de mi elección. Desde entonces se han acreditado muchos nuevos embajadores, a los que renuevo la bienvenida, a la vez que no puedo dejar de mencionar, entre los que nos han dejado, al difunto embajador Alejandro Valladares Lanza, durante varios años Decano del Cuerpo diplomático, y al que el Señor llamó a su presencia hace algunos meses.
El año que acaba de terminar ha estado especialmente cargado de acontecimientos no sólo en la vida de la Iglesia, sino también en el ámbito de las relaciones que la Santa Sede mantiene con los Estados y las Organizaciones internacionales. Recuerdo, en concreto, el establecimiento de relaciones diplomáticas con Sudán del Sur, la firma de acuerdos, de base o específicos, con Cabo Verde, Hungría y Chad, y la ratificación del que se suscribió con Guinea Ecuatorial en el 2012. También en el ámbito regional ha crecido la presencia de la Santa Sede, tanto en América central, donde se ha convertido en Observador Extra-Regional ante el Sistema de la Integración Centroamericana, como en África, con la acreditación del primer Observador permanente ante la Comunidad Económica de los Estados del África Occidental.
En el mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, dedicado a la fraternidad como fundamento y camino para la paz, he subrayado que «la fraternidad se empieza a aprender en el seno de la familia», que «por vocación, debería contagiar al mundo con su amor» y contribuir a que madure ese espíritu de servicio y participación que construye la paz.42 Nos lo señala el pesebre, donde no vemos a la Sagrada Familia sola y aislada del mundo, sino rodeada de los pastores y los magos, es decir de una comunidad abierta, en la que hay lugar para todos, pobres y ricos, cercanos y lejanos. Se entienden así las palabras de mi amado predecesor Benedicto XVI, quien subrayaba cómo «la gramática familiar es una gramática de paz».
Por desgracia, esto no sucede con frecuencia, porque aumenta el número de las familias divididas y desgarradas, no sólo por la frágil conciencia de pertenencia que caracteriza el mundo actual, sino también por las difíciles condiciones en las que muchas de ellas se ven obligadas a vivir, hasta el punto de faltarles los mismos medios de subsistencia. Se necesitan, por tanto, políticas adecuadas que sostengan, favorezcan y consoliden la familia.
Sucede, además, que los ancianos son considerados como un peso, mientras que los jóvenes non ven ante ellos perspectivas ciertas para su vida. Ancianos y jóvenes, por el contrario, son la esperanza de la humanidad. Los primeros aportan la sabiduría de la experiencia; los segundos nos abren al futuro, evitando que nos encerremos en nosotros mismos. Es sabio no marginar a los ancianos en la vida social para mantener viva la memoria de un pueblo. Igualmente, es bueno invertir en los jóvenes, con iniciativas adecuadas que les ayuden a encontrar trabajo y a fundar un hogar. ¡No hay que apagar su entusiasmo! Conservo viva en mi mente la experiencia de la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud de Río de Janeiro. ¡Cuántos jóvenes contentos pude encontrar! ¡Cuánta esperanza y expectación en sus ojos y en sus oraciones! ¡Cuánta sed de vida y deseo de abrirse a los demás! La clausura y el aislamiento crean siempre una atmósfera asfixiante y pesada, que tarde o temprano acaba por entristecer y ahogar. Se necesita, en cambio, un compromiso común por parte de todos para favorecer una cultura del encuentro, porque sólo quien es capaz de ir hacia los otros puede dar fruto, crear vínculos de comunión, irradiar alegría, edificar la paz.
Por si fuera necesario, lo confirman las imágenes de destrucción y de muerte que hemos tenido ante los ojos en el año apenas terminado. Cuánto dolor, cuánta desesperación provoca la clausura en sí mismos, que adquiere poco a poco el rostro de la envidia, del egoísmo, de la rivalidad, de la sed de poder y de dinero. A veces, parece que esas realidades estén destinadas a dominar. La Navidad, en cambio, infunde en nosotros, cristianos, la certeza de que la última y definitiva palabra pertenece al Príncipe de la Paz, que cambia «las espadas en arados y las lanzas en podaderas» (cf. Is 2,4) y transforma el egoísmo en don de sí y la venganza en perdón.
Con esta confianza, deseo mirar al año que nos espera. No dejo, por tanto, de esperar que se acabe finalmente el conflicto en Siria. La solicitud por esa querida población y el deseo de que no se agravara la violencia me llevaron en el mes de septiembre pasado a convocar una jornada de ayuno y oración. Por vuestro medio, agradezco de corazón a las autoridades públicas y a las personas de buena voluntad que en vuestros países se asociaron a esa iniciativa. Se necesita una renovada voluntad política de todos para poner fin al conflicto. En esa perspectiva, confío en que la Conferencia «Ginebra 2», convocada para el próximo 22 de enero, marque el comienzo del deseado camino de pacificación. Al mismo tiempo, es imprescindible que se respete plenamente el derecho humanitario. No se puede aceptar que se golpee a la población civil inerme, sobre todo a los niños. Animo, además, a todos a facilitar y garantizar, de la mejor manera posible, la necesaria y urgente asistencia a gran parte de la población, sin olvidar el encomiable esfuerzo de aquellos países, sobre todo el Líbano y Jordania, que con generosidad han acogido en sus territorios a numerosos prófugos sirios.
Permaneciendo en Oriente Medio, advierto con preocupación las tensiones que de diversos modos afectan a la Región. Me preocupa especialmente que continúen las dificultades políticas en Líbano, donde un clima de renovada colaboración entre las diversas partes de la sociedad civil y las fuerzas políticas es más que nunca indispensable, para evitar que se intensifiquen los contrastes que pueden minar la estabilidad del país. Pienso también en Egipto, que necesita encontrar de nuevo una concordia social, como también en Iraq, que le cuesta llegar a la deseada paz y estabilidad. Al mismo tiempo, veo con satisfacción los significativos progresos realizados en el diálogo entre Irán y el «Grupo 5+1» sobre la cuestión nuclear.
En cualquier lugar, el camino para resolver los problemas abiertos ha de ser la diplomacia del diálogo. Se trata de la vía maestra ya indicada con lucidez por el papa Benedicto XV cuando invitaba a los responsables de las naciones europeas a hacer prevalecer «la fuerza moral del derecho» sobre la «material de las armas» para poner fin a aquella «inútil carnicería» que fue la Primera Guerra Mundial, de la que en este año celebramos el centenario. Es necesario animarse «a ir más allá de la superficie conflictiva» y mirar a los demás en su dignidad más profunda, para que la unidad prevalezca sobre el conflicto y sea «posible desarrollar una comunión en las diferencias». En este sentido, es positivo que se hayan retomado las negociaciones de paz entre israelitas y palestinos, y deseo que las partes asuman con determinación, con la ayuda de la Comunidad internacional, decisiones valientes para encontrar una solución justa y duradera a un conflicto cuyo fin se muestra cada vez más necesario y urgente. No deja de suscitar preocupación el éxodo de los cristianos de Oriente Medio y del Norte de África. Ellos desean seguir siendo parte del conjunto social, político y cultural de los países que han ayudado a edificar, y aspiran a contribuir al bien común de las sociedades en las que desean estar plenamente incorporados, como artífices de paz y reconciliación.
También en otras partes de África, los cristianos están llamados a dar testimonio del amor y la misericordia de Dios. No hay que dejar nunca de hacer el bien, aún cuando resulte arduo y se sufran actos de intolerancia, por no decir de verdadera y propia persecución. En grandes áreas de Nigeria no se detiene la violencia y se sigue derramando mucha sangre inocente. Mi pensamiento se dirige especialmente a la República Centroafricana, donde la población sufre a causa de las tensiones que el país atraviesa y que repetidamente han sembrado destrucción y muerte. Aseguro mi oración por las víctimas y los numerosos desplazados, obligados a vivir en condiciones de pobreza, y espero que la implicación de la Comunidad internacional contribuya al cese de la violencia, al restablecimiento del estado de derecho y a garantizar el acceso de la ayuda humanitaria también a las zonas más remotas del país. La Iglesia católica por su parte seguirá asegurando su propia presencia y colaboración, esforzándose con generosidad para procurar toda ayuda posible a la población y, sobre todo, para reconstruir un clima de reconciliación y de paz entre todas las partes de la sociedad. Reconciliación y paz son una prioridad fundamental también en otras partes del continente africano. Me refiero especialmente a Malí, donde incluso se observa el positivo restablecimiento de las estructuras democráticas del país, como también a Sudán del Sur, donde, por el contrario, la inestabilidad política del último período ha provocado ya muchos muertos y una nueva emergencia humanitaria.
La Santa Sede sigue con especial atención los acontecimientos de Asia, donde la Iglesia desea compartir los gozos y esperanzas de todos los pueblos que componen aquel vasto y noble continente. Con ocasión del 50 aniversario de las relaciones diplomáticas con la República de Corea, quisiera implorar de Dios el don de la reconciliación en la península, con el deseo de que, por el bien de todo el pueblo coreano, las partes interesadas no se cansen de buscar puntos de encuentro y posibles soluciones. Asia, en efecto, tiene una larga historia de pacífica convivencia entre sus diversas partes civiles, étnicas y religiosas. Hay que alentar ese recíproco respeto, sobre todo frente a algunas señales preocupantes de su debilitamiento, en particular frente a crecientes actitudes de clausura que, apoyándose en motivos religiosos, tienden a privar a los cristianos de su libertad y a poner en peligro la convivencia civil. La Santa Sede, en cambio, mira con gran esperanza las señales de apertura que provienen de países de gran tradición religiosa y cultural, con los que desea colaborar en la edificación del bien común.
La paz además se ve herida por cualquier negación de la dignidad humana, sobre todo por la imposibilidad de alimentarse de modo suficiente. No nos pueden dejar indiferentes los rostros de cuantos sufren el hambre, sobre todo los niños, si pensamos a la cantidad de alimento que se desperdicia cada día en muchas partes del mundo, inmersas en la que he definido en varias ocasiones como la «cultura del descarte». Por desgracia, objeto de descarte no es sólo el alimento o los bienes superfluos, sino con frecuencia los mismos seres humanos, que vienen «descartados» como si fueran «cosas no necesarias». Por ejemplo, suscita horror sólo el pensar en los niños que no podrán ver nunca la luz, víctimas del aborto, o en los que son utilizados como soldados, violentados o asesinados en los conflictos armados, o hechos objeto de mercadeo en esa tremenda forma de esclavitud moderna que es la trata de seres humanos, y que es un delito contra la humanidad.
No podemos ser insensibles al drama de las multitudes obligadas a huir por la carestía, la violencia o los abusos, especialmente en el Cuerno de África y en la Región de los Grandes Lagos. Muchos de ellos viven como prófugos o refugiados en campos donde no vienen considerados como personas sino como cifras anónimas. Otros, con la esperanza de una vida mejor, emprenden viajes aventurados, que a menudo terminan trágicamente. Pienso de modo particular en los numerosos emigrantes que de América Latina se dirigen a los Estados Unidos, pero sobre todo en los que de África o el Oriente Medio buscan refugio en Europa.
Permanece todavía viva en mi memoria la breve visita que realicé a Lampedusa, en julio pasado, para rezar por los numerosos náufragos en el Mediterráneo. Por desgracia hay una indiferencia generalizada frente a semejantes tragedias, que es una señal dramática de la pérdida de ese «sentido de la responsabilidad fraterna», sobre el que se basa toda sociedad civil. En aquella circunstancia, sin embargo, pude constatar también la acogida y dedicación de tantas personas. Deseo al pueblo italiano, al que miro con afecto, también por las raíces comunes que nos unen, que renueve su encomiable compromiso de solidaridad hacia los más débiles e indefensos y, con el esfuerzo sincero y unánime de ciudadanos e instituciones, venza las dificultades actuales, encontrando el clima de constructiva creatividad social que lo ha caracterizado ampliamente.
En fin, deseo mencionar otra herida a la paz, que surge de la ávida explotación de los recursos ambientales. Si bien «la naturaleza está a nuestra disposición», con frecuencia «no la respetamos, no la consideramos un don gratuito que tenemos que cuidar y poner al servicio de los hermanos, también de las generaciones futuras». También en este caso hay que apelar a la responsabilidad de cada uno para que, con espíritu fraterno, se persigan políticas respetuosas de nuestra tierra, que es la casa de todos nosotros. Recuerdo un dicho popular que dice: «Dios perdona siempre, nosotros perdonamos algunas veces, la naturaleza -la creación-, cuando viene maltratada, no perdona nunca». Por otra parte, hemos visto con nuestros ojos los efectos devastadores de algunas recientes catástrofes naturales. En particular, deseo recordar una vez más a las numerosas víctimas y las grandes devastaciones en Filipinas y en otros países del sureste asiático, provocadas por el tifón Haiyan.
Excelencias, Señoras y Señores:
El Papa Pablo VI afirmaba que la paz «no se reduce a una ausencia de guerra, fruto del equilibrio siempre precario de las fuerzas. La paz se construye día a día, en la instauración de un orden querido por Dios, que comporta una justicia más perfecta entre los hombres». Éste es el espíritu que anima la actividad de la Iglesia en cualquier parte del mundo, mediante los sacerdotes, los misioneros, los fieles laicos, que con gran espíritu de dedicación se prodigan entre otras cosas en múltiples obras de carácter educativo, sanitario y asistencial, al servicio de los pobres, los enfermos, los huérfanos y de quienquiera que esté necesitado de ayuda y consuelo. A partir de esta «atención amante», la Iglesia coopera con todas las instituciones que se interesan tanto del bien de los individuos como del común.
Al comienzo de este nuevo año, deseo renovar la disponibilidad de la Santa Sede, y en particular de la Secretaría de Estado, a colaborar con vuestros países para favorecer esos vínculos de fraternidad, que son reverberación del amor de Dios, y fundamento de la concordia y la paz. Que la bendición del Señor descienda copiosa sobre vosotros, vuestras familias y vuestros pueblos. Gracias.
13 de enero del 2014
lunes, 30 de diciembre de 2013
jueves, 19 de diciembre de 2013
Necesitamos oír una buena notícia
Necesitamos oír una buena notícia
Por Mons. Alfonso Milián Sorribas el 19 de diciembre de 2013
En medio de tantos temores y de una realidad tan dura como la que estamos viviendo, necesitamos oír una buena noticia, que sea para todo el pueblo y no sólo para unos pocos. Ésta nos la trae Jesús con su nacimiento en nuestra carne. Nuestro papa Francisco, con sus gestos humildes y sus palabras llenas de comprensión, nos la ha recordado infundiéndonos ánimo para cambiar el mundo en que vivimos.
Por eso os quiero felicitar la Navidad con las primeras líneas de la carta del Papa Francisco: «La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría».
La alegría que nos trae Jesús no es una alegría pasajera, de un momento, de un día; es una alegría que penetra hasta lo más íntimo de nuestro ser, que dura siempre y que va creciendo en la medida en que la vamos comunicando. Habréis observado que la tristeza disminuye cuando compartimos nuestras penas con los demás; pero con la alegría ocurre todo lo contrario: crece cuando se comparte. «La vida ―nos dice el Papa― se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. De hecho los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad de la orilla y se apasionan en la misión de comunicar vida a los demás. (…) No miren la vida desde el balcón, sean protagonistas».
La Buena Noticia del nacimiento de Dios en nuestra carne no nos la podemos guardar, debemos comunicarla, aun cuando corramos algunos riesgos, como nos dice el Papa: «Prefiero una iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades».
Jesús se colocó siempre entre los últimos. Lo vemos claramente en su nacimiento. Nace en un establo, pobremente, pero acompañado por el amor de su madre, María, y de José, una verdadera riqueza. Su figura de recién nacido despierta ternura, compasión y admiración. A nadie deja indiferente.
Y a nadie dejará indiferente durante su vida pública. Se acercó a los pobres, a los marginados y a los pecadores; recorrió los caminos, el Jordán, el lago de Galilea buscando el encuentro con todos, especialmente con los enfermos y los que sufrían.
Estos días adoraremos a Jesús en nuestros belenes. No nos contentemos con besar su imagen en el templo, salgamos a reconocerle y adorarle en la calle, allí donde haya una persona que sufre, porque allí está él. Y colaboremos en la Campaña de Navidad que Cáritas realiza para ayudar a los necesitados. Seamos generosos.
Si así lo hacemos, renacerá la alegría en nuestros corazones y daremos alegría a muchos hermanos.
¡Feliz y Santa Navidad!
+ Alfonso Milián Sorribas
Obispo de Barbastro-Monzón
domingo, 8 de diciembre de 2013
LA EVANGELIZACIÓN EN INTERNET «REQUIERE RELACIONES HUMANAS AUTÉNTICAS»
El Papa considera indispensable estar en Internet para anunciar a Cristo
Al recibir ayer en audiencia a los participantes en la Asamblea Plenaria del Pontificio Consejo para los Laicos, el Papa Francisco aseguró que Internet, a pesar de las trampas que se pueden encontrar, brinda oportunidades para acercar a las personas a Dios, por lo que es indispensable la presencia de la Iglesia para evangelizar.
(ACI/InfoCatólica) El Santo Padre señaló que «aún entre las oportunidades y los peligros de la red, se debe ‘discernir todo’, conscientes de que seguramente encontraremos monedas falsas, ilusiones peligrosas y trampas que hay que evitar. Pero, guiados por el Espíritu Santo, descubriremos también valiosas oportunidades para conducir a los hombres al rostro luminoso del Señor».
El Papa Francisco indicó que entre las posibilidades «que ofrece la comunicación digital la más importante se refiere al «anuncio del Evangelio».
Sin embargo, advirtió que «no es suficiente adquirir los conocimientos tecnológicos, si bien sean importantes. Se trata ante todo de encontrar a hombres y mujeres reales, a menudo confundidos y heridos, para ofrecerles verdaderas razones para la esperanza».
La evangelización en Internet, precisó, «requiere relaciones humanas auténticas y directas para culminar en un encuentro personal con el Señor», por lo que «Internet no basta, la tecnología no es suficiente».
«Pero ello no quiere decir que la presencia de la Iglesia en la red es inútil. Todo lo contrario, es indispensable estar presentes, siempre con estilo evangélico, en lo que para muchas personas, especialmente los jóvenes, se ha convertido en una especie de ambiente de vida, para despertar las preguntas incesantes del corazón sobre el sentido de la existencia eindicar el camino que conduce a Aquel que es la respuesta, la Misericordia Divina hecha carne, el Señor Jesús».
El Papa recordó el 25 aniversario de la carta apostólica Mulieris dignitatem del Beato Juan Pablo II, así como la reciente Jornada Mundial de la Juventud Río 2013, cuyo lema, «Vayan y hagan discípulos a todas las naciones», destacó, dijo, «la dimensión misionera de la vida cristiana, la necesidad de salir hacia aquellos que esperan el agua viva del Evangelio, hacia los pobres y los excluidos».
«Hemos visto de primera mano cómo la misión de Iglesia brota de la alegría contagiosadel encuentro con el Señor, que se transforma en esperanza para todos».
El Santo Padre señaló que «la Iglesia está siempre en camino, en busca de nuevos caminos para anunciar el Evangelio. Y la contribución y el testimonio de los fieles laicos se muestran indispensables cada día más».
lunes, 2 de diciembre de 2013
Vigilar es vivir atentos
Vigilar es vivir atentos
Por Mons. Alfonso Milián Sorribas el 2 de diciembre de 2013
de nosotros y a toda la Iglesia. Hemos renovado y fortalecido la fe, hemos enriquecido nuestra formación repasando los documentos del Concilio Vaticano II y del Catecismo de la Iglesia, hemos participado en celebraciones de mucha profundidad en las que hemos vivido la alegría que nos proporciona el creer: basta recordar la reciente peregrinación de nuestras diócesis de Aragón al Pilar. Fue evidente que el gozo del
encuentro afloraba en nuestros rostros, y la hondura del sentimiento, en los tres momentos de una fe profesada, celebrada y testimoniada.
El Año de la fe nos introduce en el Adviento, tiempo de preparación para encontrarnos con Jesús, que nace niño como nosotros. El Adviento produce una sacudida en nuestro espíritu para que no caigamos en la rutina: «Estad en vela, estad preparados», nos dice Jesús. «Daos cuenta del momento en que vivís», nos exhorta el
apóstol san Pablo. Tanto el profeta como el salmista invitan a caminar a la luz del Señor buscando la paz y la fraternidad.
El Adviento nos conduce, durante sus cuatro semanas, a la conversión, que ha de ser una actitud permanente en la vida del cristiano. La liturgia, con sus textos escogidos en la Sagrada Escritura, en los Santos Padres, en la Tradición y en el Magisterio de la Iglesia, nos incita a prepararnos para el encuentro con el Señor que viene.
Existe un símbolo, la corona del Adviento, que hace visible el transcurso de las cuatro semanas que anteceden al nacimiento de Jesús. Cada domingo se enciende una de las cuatro velas al comienzo de la Eucaristía. Es un signo que habla por sí mismo y nos predispone a tomar conciencia de que el tiempo que vivimos es para ponernos a punto, es tiempo de conversión.
El evangelio de este primer domingo del Adviento nos recuerda que hemos de «estar en vela», vigilantes, despiertos. Los primeros cristianos daban mucha importancia a la vigilancia, pues querían prevenirse contra el riesgo de olvidar que Jesús había de volver, y no querían que los encontrara dormidos.
Ha pasado mucho tiempo. ¿Cómo vivimos hoy los cristianos: despiertos o nos hemos ido durmiendo poco a poco? ¿Vivimos atraídos por Jesús o distraídos por tantas cosas como abarrotan nuestras casas? ¿Le seguimos con pasión o vivimos como todos?
El papa Francisco nos llama a despertarnos y estar en vela.
Vigilar es vivir atentos a lo que Jesús nos dice y a la realidad que nos rodea, escuchar los gemidos de los que sufren, sentir el amor del Dios de la vida, esperar su venida a nuestra vida, a nuestra sociedad, a la tierra entera. Sin esta sensibilidad no es posible caminar tras los pasos de Jesús.
Despertemos para no tener que decir un día: «Señor, ¿cuando te vimos hambriento o sediento o extranjero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?»
Con mi afecto y bendición.
+ Alfonso Milián Sorribas
Obispo de Barbastro-Monzón
miércoles, 27 de noviembre de 2013
Descargue aquí la exhortación apostólica Evangelii Gaudium del Papa Francisco en pdf
Descargue aquí la exhortación apostólica Evangelii Gaudium del Papa Francisco en pdf

Descargue aquí la exhortación apostólica Evangelii Gaudium del Papa Francisco en pdf
Papa Francisco. Foto: ACI Prensa
LIMA, 26 Nov. 13 / 06:48 am (ACI).- ACI Prensa pone a disposición de sus usuarios y del público en general el texto íntegro de la primera exhortación apostólica del Papa Francisco titulada Evangelii Gaudium (El Gozo del Evangelio) sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual.
El texto fue entregado el domingo 24 de noviembre, durante la clausura del Año de la Fe, a un grupo de 36 personas de los cinco continentes, de distintos estados de vida, en representación de toda la Iglesia.
La exhortación apostólica, la primera del Papa Francisco, tiene una extensión en español de 142 páginas y está dividida en una introducción y cinco capítulos cuyos títulos son: “La transformación misionera de la Iglesia”,“En la crisis del compromiso comunitario”, “El anuncio del Evangelio”,“La dimensión social de la Evangelización” y “Evangelizadores con espíritu”.
El texto se presenta hoy en conferencia de prensa en la Sala Juan Pablo II en el Vaticano.
Para leer la exhortación, ingrese a:http://www.aciprensa.com/Docum/evangeliigaudium.pdf
Para leer la exhortación, ingrese a:http://www.aciprensa.com/Docum/evangeliigaudium.pdf
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